Democracia viva

Andrés F. Ugalde Vázquez

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Aún no hemos olvidado cómo se sentían las protestas populares. Todos estos años de silencio no han logrado desdibujar el valor de las grandes revueltas. El orden impuesto, el silencio y la resignación, no han logrado que olvidemos. Aquellas calles repletas de trabajadores, estudiantes, indígenas y ciudadanos que sin pertenecer pertenecían. Que sin militar en grupo alguno, militaban en este inmenso conglomerado que llamamos Ecuador. Pueblo marchando por la democracia. Contra los abusos del poder. Por su dignidad. Y sin embargo hay algo que preocupa…
Preocupa porque la falta de organización provoca la repetición intrascendente. Una suerte de atomización de la protesta popular que, por volverse redundante, pierde impacto. Y con esto no quiero restar valor a la manifestación popular. Sin embargo me pregunto ¿no estaremos, de tanto utilizarlo, banalizando la marcha popular? Y esto dicho por quién ha visto con orgullo las gestas populares que han derrocado tiranos y han recuperado el cauce de la democracia y el derecho. Sin embargo, no se puede olvidar que cualquier manifestación, al volverse cotidiana, sufre un desgaste que le resta apoyo popular. Por eso será necesario hacer algunas preguntas. Por ejemplo ¿Todos los que marchan lo hacen de forma voluntaria? ¿No existen allí funcionarios defendiendo su trabajo o trabajadores cohesionados por un nombramiento? ¿Todos los que salen a las calles conocen a fondo la ley, enmienda o reforma a la que se oponen?
Y esto lo digo, simplemente porque estoy convencido de que toda manifestación popular necesita legitimarse a sí misma cumpliendo tres condiciones: Libertad, Propósito y Propuesta. Libertad cuando nadie se sienta cohesionado para protestar o apoyar. Propósito cuando todo aquel que participe sepa porqué. Propuesta cuando el movimiento popular sepa indicar al gobernante el nuevo camino a seguir.
Si estas tres condiciones no se cumplen, todo se pierde. Una protesta sin propósito es vandalismo. Una protesta sin libertad carece de calidad moral. Y una protesta carente de propuestas reniega del mismísimo concepto de la democracia. Esa democracia viva y saludable donde se combate en el plano de las ideas. Donde son propuestas las que se lanzan y no piedras. Donde no son cristales los que se quiebran, sino paradigmas… (O)