Más etanol

Nicanor Merchán Luco

28

Nuevamente ha saltado a la escena el presidente de Brasil Jair Bolsonaro al derogar un viejo decreto que frenaba la explotación del bosque primario para que se frene el sembrío de caña de azúcar. Las voces de los ecologistas de todo el mundo en seguida se dejaron escuchar mientras el fuego en la amazonía continúa; los incendios afectan a muchos estados amazónicos, incluido el gran pantanal, a pesar de que estos son lugares más húmedos. La lucha contra el fuego ha sido insuficiente y toda esta tragedia solamente para premiar el cultivo de la caña de azúcar.

Hoy, en miles de hectáres donde antes existían bosques, hay praderas inmensas de caña de azúcar, con el propósito de obtener etanol, ya que este es un combustible económico que se vende con mucha facilidad bajo el concepto de energía verde renovable, económico y mejor que la gasolina. La comercialización y demanda de etanol a costa de los bosques proporciona mucho dinero, por esto que se sostiene que los incendios en la amazonía empezaron siendo dirigidos y que luego se salió de control.

Bolsonaro, sostiene que la amazonía no es patrimonio de la humanidad ni tampoco que sea un pulmón del mundo, por esto que no le ha conmovido el incendio que ha destruido a millones de hectáreas de naturaleza y ahora la amazonía está amenazada por las actividades de las empresas del “agronegocio”. Las zonas y áreas protegidas del Amazonas no se han respetado sino que más bien por el contrario se han convertido en cenizas y las comunidades indígenas que viven en los lugares afectados a importado menos. Los parques nacionales, los bosques protegidos, los corredores ecológicos y diversos ecosistemas no han sido tomados en cuenta. Se ha echado mano a la ley para favorecer a las grandes empresas. (O)