Ecuador existe en el país del “sueño americano” entre el cemento, las redes y el indoor fútbol

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ECUATORIANOS MIGRANTES
Varios equipos de hombres y mujeres participan de la “Copa Bridgeport”, un torneo de indoor que se disputa entre elencos conformados por migrantes ecuatorianos residentes en Bridgeport, estado de Connecticut, Estados Unidos.

Es el primer domingo de otoño en Estados Unidos. La temperatura oscila entre ocho y once grados centígrados. El viento sopla fuerte y las hojas caen como dicen que cae el dinero en la tierra del “sueño americano”.

El piso se llena de retazos de árbol. Empieza a llegar la gente. Vienen con sillas, con abrigos, gorras. Ya hace frío. El único calor que se encuentra es junto a las ollas de las señoras que venden comida típica ecuatoriana. Hay parrillas donde se hacen “chuzos”. Humean las pailas donde se fríen salchipapas. Unas voces temblorosas ofrecen colada morada (…) Es el 3 de noviembre de 2019 y normalmente esa bebida abunda en las fiestas de independencia de Cuenca. Pero en Bridgeport, en el estado de Connecticut, por ahora abundan las ganas de ver las semifinales del campeonato de indoor que se disputa entre equipos integrados por migrantes ecuatorianos.

Así, entre el cemento, las redes y el indoor fútbol, Ecuador existe en Estados Unidos, donde la práctica de este deporte, tradicional en el país sudamericano, es una de las formas de forjar la vida comunitaria entre los compatriotas residentes en la nación del norte.

El primer equipo en jugar es el femenino “Estrella Oriental”, cuya camiseta morada tiene estampada la bandera ecuatoriana. Este sólido conjunto ha ganado en penales a “Topa y pasa” y ha llegado a la final del torneo.

El equipo se enfrentará con el ganador del partido entre “Amazonas” y “Latin Kings”. Nombres peculiares, sin duda, aunque con la misma particularidad con la que llevan sus uniformes para cuidarse del frío en un día ambivalente, pues el sol brilla en todo su esplendor pero los vientos helados enfrían incluso al más grande rayo de sol que intenta invadir la cancha de cemento.

“Patéale duro”, “remata”, “auxilio”, “suelta balón”, son algunas de las frases que se pueden escuchar durante los cotejos. Los equipos llevan sus barras. Los esposos apoyan a sus jugadoras y viceversa. Aún se comentan los resultados de la semana anterior y de los equipos eliminados. Hay un premio de por medio y no necesariamente es lo económico, sino ser reconocidos como los mejores de la ciudad en el indoor fútbol.

Carlos Lituma y Jaime Lituma son sobrino y tío que migraron hace más de 20 años al país del norte y ven allí una oportunidad de mantener la tradición deportiva del país y reunir a las familias ecuatorianas. También ven una oportunidad para prevenir que la juventud consuma drogas, pero reconocen que han ido más allá porque han logrado involucrar a latinoamericanos dentro de este torneo de origen cien por ciento ecuatoriano.

Equipo de ecuatorianas y mexicanas

En los límites rebasados al igual que las fronteras de este territorio y que convierte a la comunidad Latinoamericana en una sola, encontramos a “Ecuamex”, un equipo femenino con la mitad de sus jugadoras conformado por ecuatorianas y la otra mitad por mexicanas que han logrado entender y adaptarse a esta modalidad de juego.

Juan Zhispón decidió reunir a un grupo de amigas de estos dos países para participar por primera vez en la “Copa Bridgeport”, como se denomina el campeonato que se desarrolla por cuarta temporada consecutiva. Las jugadoras decidieron bautizar al equipo con ese nombre para agrupar las dos nacionalidades. Ellas mismas escogieron los colores de la camiseta con la que participarían en el torneo. Llegaron hasta octavos de final.

“No suba mucho la defensa”, “no se enojen”, “dispara”, son las frases que predominan en los partidos femeninos. Estos equipos participan en menor cantidad dado que son un total de ocho inscritos en la última temporada en la categoría libre, por lo que se puede ver a niños haciendo barra a sus madres y madres haciendo barra a sus hijas. Incluso madres e hijas juegan en el mismo equipo o son rivales.

Son las dos de la tarde y todo el perímetro de la cancha se llena de gente. Al menos 200 personas empiezan a hacer barra y a gritar. Llega el partido esperado. “Este debía ser la final”; “estos son los dos mejores equipos”; “bueno, la tabla nos jugó una mala pasada”, son parte de los rumores de los espectadores. Los asistentes empiezan a sacar sus celulares, compran comida, café. Se sientan, se paran, comen, gritan.

Juega “Bridgeport Star”, un equipo creado hace más de 15 años por Fernando Villa, quien tiene más de dos décadas en el país del norte. Él reunió en esa época a su familia para crear el elenco que participa en diferentes torneos de indoor.

Entre la multitud saltan a la cancha los dos equipos. El rival es el “Manchester de Bridgeport”, un equipo que domina la técnica y la velocidad conjugadas con la juventud de sus jugadores.

El partido empieza. Todos ponen atención a los “disparos” de Israel Arichávala, cuencano de 26 años que migró hace aproximadamente dos años. Él fue campeón y goleador con Carlos Tosi en el Mundialito de los Pobres 2016 y ahora juega con Bridgeport Star. El nivel de competición es alto, exigente. Hay piruetas, remates al arco de gran calidad, dominio y una gran versatilidad de los arqueros. Gana el equipo de Israel. Se abrazan entre compañeros y se quedan pendientes del siguiente partido, pues de allí saldrá su rival para la final.

Entre canelazos, morochos, pitazos del árbitro, música ecuatoriana, niños pateando el balón en los entretiempos y los ocho grados centígrados de temperatura, la tarde va cayendo y con ello finaliza la jornada de semifinales. Juega “La Inmaculada” ante “Los nietos de don Alfonso”, un equipo de primos y hermanos descendientes del señor cuyo equipo lleva su nombre. Ellos se clasifican y se enfrentarán a “Bridgeport Star” el siguiente fin de semana, que de seguro reunirá, en medio del frío, a los ecuatorianos que sienten el palpitar de su país en el ruido de los saques y las patadas al pequeño balón blanco y negro que espera terminar en las redes tejidas por artesanos ecuatorianos residentes en esa ciudad.

Texto y fotos: Jessica Pesántez Berrezueta desde Connecticut, EE.UU.