De salud pública

Eduardo Sánchez Sánchez

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Debo escribir acerca del ruido y sus graves efectos sobre el oído que alberga a uno de los sentidos importantísimos en los seres vivos y muy particularmente en los humanos. Un grave desenlace de quienes se exponen a sonidos agresivos es la sordera o hipoacusia, que se produce cuando escuchamos sonidos superiores a 80 decibelios en largas jornadas como sucede con trabajadores fabriles, en personas próximas a escapes de motores, amplificadores de sonidos, escenarios y discotecas, talleres mecánicos, etc. es de destacarse que los efectos se clasifican en fisiopatológicos y psicopatológicos. Destacan entre los primeros los que afectan al sistema nervioso y al metabolismo cerebral, los efectos sobre el sistema cardiovascular y sobre el aparato respiratorio, como el aumento de la frecuencia respiratoria. El ruido ocasiona úlceras duodenales, cólicos y otros trastornos gastrointestinales, tiene efectos en el sistema sanguíneo y en el equilibrio, etc. Entre los efectos psicopatológicos están sensaciones de inquietud, inseguridad, disminución de la concentración y eficiencia laboral. Además existe patología del sueño, agresividad, e irritabilidad de la persona y en los niños es más crítica cuando el ruido lesiona al feto luego del quinto mes de embarazo, volviendo al niño más sensible al llanto e irritable.
Lastimosamente vivimos en la era del abuso electrónico y la amplificación, antaño los artistas cantaban con gran dote de fortaleza en sus pulmones, hoy muchos gritan y se auxilian de métodos modernos. Los llamados Ingenieros de sonido, hacen gala de agresión en los teatros, auditorios, coliseos, salas de baile, teatros y otros espacios diseñados para espectáculos públicos, dañando la calidad del artista y lesionando a los clientes. ¿Quién pone freno a esta injuria a la salud? (O)