Un viaje desde la ciudad de Tomebamba hacia la Cuenca damera y afrancesada

29
Entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, Cuenca comenzó a afrancesarse. Este tipo de edificaciones están especialmente alrededor del Parque Calderón.

Lo que hoy es una ciudad con tintes cosmopolitas, moderna, progresista, Patrimonio Cultural de la Humanidad y en plena estela del desarrollo, en algún momento de la historia estuvo marcada por el misticismo, la fuerza y la organización de los incas y los cañaris bajo los nombres de Tomebamba y Guapondelig.

La historia, tan mágica y encantadora, es por demás consabida, pero en lo que quizá no tanto se repara es que cada vez que toca hablar de los orígenes de la fundación hispano-cañari de 1557, en realidad hay que referirse a una refundación, dice el historiador y cronista vitalicio de Cuenca Juan Cordero Íñiguez, dado que antes de aquello ya existía otra ciudad: la Tomebamba de los incas.

Las terrazas, el canal de riego y el monumento al constructor de Tomebamba y el mayor de los incas, Huayna Cápac, es parte de la memoria viva de lo que fue la ciudad en la época de los incas.

Otro aspecto que poco se ha revisado en medio de contar siempre la misma historia sobre los orígenes y anales de la urbe, sobre sus héroes y el estoicismo y heroísmo que forjaron la independencia, es lo que sucedió con su infraestructura en medio del raudo paso del tiempo. Hay naturales transformaciones que ha experimentado la ciudad desde los tiempos de Huayna Cápac, el “Rey Joven”, hasta el amanecer y el devenir del siglo XXI que contaremos de forma sucinta y gráfica.

Cordero, autor de una serie de libros enfocados en desentrañar la historia de Cuenca, refiere que la ciudad de Tomebamba comenzó a construirse y a crecer a comienzos del siglo XVI, entre el año 1500 y 1505. El levantamiento de la infraestructura tuvo lugar en gran parte, puntualiza Cordero, sobre el sitio preestablecido por los cañaris.

“En palabras de Remigio Crespo Toral, nosotros nos remontamos 50 años más en antigüedad que otras ciudades, porque se calcula que Tomebamba comenzó a construirse y a crecer a comienzos del siglo XVI (16), hacia el años 1500, 1501, 1505”, sostiene el historiador.

El testimonio más poderoso y cristalino de la ciudad incaica bautizada con el nombre de Tomebamba y también llamada ocasionalmente como Paucarbamba, es Pumapungo. Allí perviven restos especialmente emblemáticos de lo que fuera el barrio administrativo de los incas, como las terrazas, el canal de riego o el monumento al constructor de esta ciudad y el mayor de los incas, Huayna Cápac

“Hay testimonios registrados en distintas crónicas, al menos cinco o seis, que dicen expresamente que Huayna Cápac nació en Tomebamba. Esa Cuenca fundada en 1557 no creció mucho y quizá tuvo un poco más de apogeo en la segunda mitad del siglo 18”, refiere Cordero.

Los españoles

La evolución arquitectónica de la ciudad siguió su curso y registró nuevos avances con la llegada de los españoles. Ellos llegaron con nuevos conceptos urbanísticos, cuenta Juan Cordero, y fundamentalmente trajeron la traza en damero o cuadricular con calles longitudinales y transversales, también llamado sistema ortogonal, algo que sucedió en la plataforma intermedia de Cuenca, lo que hoy en día es el Centro Histórico, el espacio en el que tuvieron lugar los hechos que desembocaron en la independencia. La plataforma alta de la ciudad, en términos actuales, es la zona de la Héroes de Verdeloma y la baja lo que hoy día es la zona de El Ejido.

“La traza de El Ejido la diseñó Gilberto Gatto Sobral, arquitecto uruguayo contratado para hacer el primer plan regulador de Cuenca, con ideas nuevas de acuerdo a la época. Ese plan se entregó en 1947”.

Terminada la época hispánica, la ciudad siguió la estela de la evolución y el crecimiento, tras la independencia, con la época republicana. La arquitectura conservó varios de los elementos arquitectónicos de la colonia, mantuvo la traza, pero la gran diferencia respecto al pasado supuso el afrancesamiento que adquirió la ciudad. Cordero explica que aquello devino luego de que empezara la exportación de sombreros de paja toquilla y cascarilla, un remedio para el paludismo apetecido en Europa. Entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX y en medio del auge comercial, los cuencanos comenzaron a viajar a Europa en procura de analizar los mercados para estos productos y fue cuando “se aficionaron” de ese corte de arquitectura. “Entre la segunda mitad del siglo 19 y primera mitad del siglo 20 Cuenca empieza a afrancesarse”, señala el historiador.

Después sobrevino lo que hoy podemos ver: una belleza matizada por casas republicanas particularmente vistosas, el simbólico adoquín, iglesias tan espléndidas como colosales. Y la historia reciente ya da cuenta de la industrialización de la urbe, el crecimiento económico, el talante intelectual, visionario y emprendedor de sus ciuadadanos, y la permanente avanzada por los caminos del desarrollo y el progreso.(I)

Por: Agustín Reinoso
Fotos: Xavier Caivinagua
El Mercurio-Cuenca