Un paraíso envidiado pero también de cuidado

El crecimiento poblacional obliga a buscar otras fuentes que provean del líquido vital y a tomar correctivos para una mejor protección de los ecosistemas.

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Cuenca se precia de estar rodeada por cuatro ríos y de tener agua pura, que se puede consumir directamente desde el grifo. Un privilegio que no tienen, por ejemplo, algunas ciudades europeas que consumen agua hasta cuatro veces recirculada. Pero ¿será posible gozar de este paraíso natural ante un eventual cambio climático?
Felipe Cisneros, director del Programa para el Manejo del Agua y del Suelo (PROMAS) de la Universidad de Cuenca, dice que cada habitante debe ser un guardián de la naturaleza y personalizarse de los diversos mecanismos que pueden evitar la falta de líquido vital en los próximos años.
Sostiene que, con el cambio climático, se prevé que los tiempos de estiaje sean más largos y haya grandes crecidas de los ríos porque lloverá con más intensidad en cortos periodos. Significa que en dos meses podría llover todo lo que llueve durante el año y se precisarán acciones para que ese exceso de agua ayude a sobrellevar los 10 meses restantes de sequía.
En la actualidad, con más de 600.000 habitantes, Cuenca se mantiene tranquila con alrededor de tres metros cúbicos de agua por segundo, gracias a la producción de sus principales ríos. Para Cisneros, el crecimiento poblacional obliga a regular los caudales y a buscar otras fuentes. “En estos ríos no hay más de cuatro metros cúbicos de agua, así regulemos los caudales”.
Según el último censo, Cuenca en 2010 tenía 524.563 habitantes. Para 2020 se estima 636.996. Habría un crecimiento del 17 % en 10 años. De mantenerse esa proyección, en 2050 podría rozar el millón. Etapa EP ya estudia otras fuentes de donde captar agua, independientes de los ríos Tarqui, Tomebamba, Yanuncay y Machángara.
Nancy Abril, supervisora de redes de saneamiento de la empresa municipal, menciona el proyecto del río Moya, en Sigsig, que dotaría de agua potable a las parroquias de Quingeo, Santa Ana y Cumbe. También están en estudio algunos ríos de la Amazonía como el Negro, Bolo y Minas.
“De acuerdo a estudios que tenemos de planes maestros y algunas estadísticas, más o menos se consume unos 250 litros por habitante al día”, indica y acepta que la cantidad es un poco elevada. A través de consultorías esperan tener una proyección certera de la población para 2050 y la cantidad de agua que se va a requerir.
Cisneros recuerda dos momentos que, espera, no se los vuelva a vivir. “En 1906 hubo un tremendo estiaje que puso a sufrir a los cuencanos. Se dice que la gente hacía huecos en los ríos para tomar agua… En 1992 o en 1994 se produjo un estiaje de cinco meses. No llovió desde noviembre hasta marzo. Fue un susto tremendo. Se quería sifonar las lagunas del Cajas. Por suerte llovió”.

La concienciación y el control imperan en la conservación

Para tener fuentes hídricas es importante el cuidado del ecosistema. En Cuenca, Cisneros envía una alarma: se están muriendo las lagunas. La erosión natural y la falta de concienciación de la gente son las principales razones.
La laguna de Sorocucho se está llenando de sedimentos que producen totora. “Hay miles de manchas de totora que se está comiendo a la laguna… Cuando decimos que hay que limpiar y hacer una represa para volverla a lo que fue originalmente nos dicen que vamos a dañar el paisaje y no es así”.
La Universidad de Cuenca considera que se deben realizar estudios para “determinar exactamente la capacidad que tienen nuestros ecosistemas y cómo podemos mejorarlos artificialmente”, a través de la construcción de presas.
Elecaustro tomó a su cargo la construcción de la represa Quinguyacu que regulará el caudal del río Yanuncay, a 3.550 metros sobre el nivel del mar. Se estima que almacenará hasta 21 millones de metros cúbicos de agua, generará 22 megavatios de electricidad, abastecerá el riego en San Joaquín y Baños, y duplicará la capacidad de la planta potabilizadora de Sustag.
Está en proyecto una represa en la laguna Dos Chorreras con la elevación de un dique de 11 metros. También se analiza un acuífero en toda la planicie de Tarqui. Al ser una zona de permanente lluvia podría proporcionar cerca de 500 litros.
La expansión del área urbana es un problema que está afectando áreas de conservación y generación de recursos hídricos. Josué Vega, director de planificación del GAD Cuenca, indica que en 2011 el cantón Cuenca contaba con 206.000 hectáreas entre bosque natural, bosque pluvial subalpino, páramo de pajonal, páramo sobre roca desnuda y humedal.
En 2014 bajó a 199.505 hectáreas con afectación a bosques nativos y páramos. Para 2019 quedó en 155.000 hectáreas debido, en gran porcentaje, a que una parte del bosque nativo pasó a pertenecer a Guayas tras resolverse el problema de límites entre ambas provincias.
La pérdida de un 12,40 % en los últimos nueve años, Vega lo atribuye a la residencialización descontrolada en áreas rurales de agricultura, estas a su vez se desplazan a zonas de protección, de páramo, de bosque, “por lo tanto, esa zonas se convierten en zonas de cultivo y ahí es donde se da la pérdida”.
En mayo de 2020 se prevé la aprobación del Plan de Uso y Gestión de Suelo a fin de ocupar eficientemente los predios que están vacíos en zonas claves y consolidadas de Cuenca, y así disminuir la presión de áreas urbanísticas en zonas rurales.

Texto: Bolívar Sinchi
Fotos: PROMAS y Xavier Caivinagua
Redacción El Mercurio