En cuatro escenarios se consolidó Independencia

Todos Santos, Parque Calderón, El Vecino y Azogues; hubo también algunos personajes claves, entre ellos, Juan Monroy.

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El uno de noviembre,Tomás Ordóñez llegó a la ermita donde hoy es Todos Santos, e invitó a los fieles que salían de misa al cabildo público.

Bolívar Cárdenas es un erudito en materia de historia. Cuando habla de la Independencia de Cuenca, a casi 200 años, lo primero que hace es recomendar una bibliografía, con obras de: Luis Teódulo Crespo, 1867; “Emancipación de Cuenca”, de Remigio Romero y León; “Miscelánea Histórica del Azuay”, de Octavio Cordero Palacios, por citar algunos.
El historiador señala que, en Cuenca, los primeros vientos independentistas datan de 1797, con pasquines que se pegaron en los postes. Manifiestos con ideas libertarias que no progresaron. En ese entonces, ya al filo del siglo XVIII, la corona española tenía un sistema muy rígido, todo pasó desapercibido y varias ideas de libertad expresadas en Cuenca fueron reprimidas.
En 1820, la historia da un giro. Estaba fresco lo que sucedió el 9 de octubre de ese año en Guayaquil y unos cuántos revolucionarios expresaron a Antonio Díaz Cruzado, gobernador regional, la importancia de hacer un proceso igual en Cuenca. Apoyar esa iniciativa le costó a Díaz Cruzado su cargo y se fue preso.
Los afanes siguieron y en la consolidación del proceso de independencia cuatro espacios tomaron protagonismo: La hoy iglesia de Todos Santos donde en 1820 estaba una ermita. El Parque Calderón, El Vecino y la hoy ciudad de Azogues.
La independencia de 1820 empezó el primero de noviembre, en el “Día de Todos Santos”. Fue Tomás Ordóñez quien, a la salida de misa que se celebraba en aquella ermita, invitó a los feligreses al cabildo público integrado por instituciones de gobierno y por cierto el pueblo; ese cabildo fue para tratar el tema de la Independencia.
Juan Antonio Jáuregui, alcalde ordinario del cabildo, llamó la atención a Tomás Ordóñez por soliviantar a la gente y alterar el orden. Pero las cosas no quedaron ahí, inmediatamente llegó la estrategia, el 2 de noviembre se reunieron en la parroquia El Valle, aprovecharon el Día de los Difuntos, así no despertaron sospechas para el día 3 entrar en acción.
Y así fue. El viernes 3 de noviembre de 1820, José Vázquez de Noboa, alcalde del segundo voto, dispone que en la mañana se pegue el bando (manifiesto como un registro oficial con la nueva disposición sobre impuesto, tasas, tributos). El encargado de eso salió entonces a pegar el bando, el documento en los cuatro postes ubicados en la plaza central. (I)

El enfrentamiento para la independencia no derramó sangre, salvo la de Tomás Ordóñez, que en medio de una refriega de lucha resultó herido. Esa herida no impidió al afectado, a Tomás Ordoñez, coger el caballo, recorrer barrios, esquinas, agitando a la gente, hasta lograr la independencia.
“Era una cosa de entusiasmo de efervescencia popular”, dice Bolívar Cárdenas, quien añade que, a las 11 de la mañana de ese 3 de noviembre Ordóñez acude a San Sebastián, en ese templo, Juan María Ormaza y Gacitúa, cura de Pueblo Viejo, Manabí, daba una homilía muy agitada, su oratoria engendraba valor, Cuenca estaba ya enardecida y se daba el grito libertario.
Con semejante ambiente, el comandante principal de la plaza Antonio García Trelles dispuso que en las cuatro esquinas del Parque Central se coloquen cañones de artillería fabricados por Paulino Ordóñez, padre de Tomás, inmediatamente tomaron 109 milicianos soldados y los distribuyó en cada esquina allí en lo que hoy es el Parque Calderón.
La seguridad real se fortaleció al ingreso del pueblo, estaban los cañones con disparos al aire que atemorizaron a la población. El pueblo, al verse impedido de llegar y tomarse las instituciones asentadas al centro de la ciudad, decidió trasladarse a El Vecino, donde ahora está la iglesia, sector que era el punto de llegada de la gente que venía de afuera, de espacios como Llacao, Quingeo, Paccha, Checa, Chiquintad, Sinincay y otros más.
La gente se concentraba en El Vecino. Más, un personaje emblemático, Juan Monroy, subteniente de Caballería y Tenientes de Milicias, observó cómo los cañones permanecían en las esquinas del Parque Central. Juan se trasladó al pueblo de Azogues para, el 4 de noviembre mover a toda la gente, trasladar a la muchedumbre y así apoyar todo ese movimiento de independencia que se daba desde el 3 de noviembre, en Cuenca.
Cuando la caravana pasaba por San Marcial de Chuquipata, el sacerdote Xavier Loyola, que asentaba una partida de nacimiento, cogió su caballo y acompañó a la gente. Cárdenas señala que es equivocado decir que el cura Xavier Loyola vino desde Chuquipata, porque esta comunidad como tal tuvo un asentamiento precolombino ubicado en el Portete, cerca de Sumbahuayco. En los primeros meses de 1806, la gente de Portete se vio obligado a trasladarse a donde hoy se ubica; es decir, tuvo que reasentarse. (I)

Sangre derramada

El Parque Central fue cercado, se pusieron cuatro cañones. Tomás Ordóñez que resultó herido en un refriega, así recorrió la ciudad llamando a la concentración.

En la caravana que se organizó hacia Azogues, a lo largo del camino, la gente se fue entusiasmado, incorporando y así, cerca de unas 400 personas llegaron para ser parte de ese hecho. Una vez que los miembros de la Corona Real vieron la muchedumbre, metieron los cañones, no se dio ningún disparo, la única sangre derramada fue la de Tomás Ordóñez; y así es como se consolidó el movimiento libertario del 3 y 4 de noviembre.
Cabe mencionar que en febrero del año 1822, el ejército español fue nuevamente derrotado, la llegada del General Antonio José de Sucre provocó la huida de las fuerzas de infantería de España, y finalmente el 21 de febrero, la ciudad de Cuenca volvió a declarar su independencia, pero esta vez ya de manera definitiva. (I)

Por: Brígida San Martín G.
Fotos: Patricio Saquicela
El Mercurio-Cuenca