Gustó ‘La Arlesiana’, de  G. Bizet con la Sinfónica

Tras el poema sínfónico “Preludio a la siesta de un fauno” y el Concierto para Piano para la Mano Izquierda, de Maurice Ravel, -con actuación del pianista Maxime Zecchini-, la presentación de la Sinfónica de Cuenca, la noche del viernes, estuvo marcada por la Suite N. 2 “La Arlesiana, de George Bizet. La interprestación empezó como una marcha, seguido de un dulce sonar de la flauta traversa, acompañada de los instrumentos de viento, los violines y la pandereta, marcando el ritmo; otra vez, las flautas, una entrada solemne de los instrumentos de cuerda y luego de la orquesta completa.

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Tras el poema sínfónico “Preludio a la siesta de un fauno” y el Concierto para Piano para la Mano Izquierda, de Maurice Ravel, -con actuación del pianista Maxime Zecchini-, la presentación de la Sinfónica de Cuenca, la noche del viernes, estuvo marcada por la Suite N. 2 “La Arlesiana, de George Bizet.

La interprestación empezó como una marcha, seguido de un dulce sonar de la flauta traversa, acompañada de los instrumentos de viento, los violines y la pandereta, marcando el ritmo; otra vez, las flautas, una entrada solemne de los instrumentos de cuerda y luego de la orquesta completa.

Otra parte de la composición musical se escuchó, solemne, con sonidos de égloga; la directora invitada, Silvia Massarelli, con su batuta, como dibujando los movimientos a la orquesta en el aire; otra vez, la flautista, con tonos de encanto, pellizcos a las cuerdas de los violines y su entrada rítmica, acompasada.

El final, un himno sonoro, altivo, como una marcha, la flauta, a gran velocidad, como si ilustrara el remate de la carrera de un atleta. Al final se sumaron todos los instrumentos al trote musical, en una fiesta. (AVB)-(I)