Lecciones por aprender

Eliécer Cárdenas E.

33

Varias son las lecciones que ha dejado la caótica situación que vivió el Ecuador durante más de doce días, a consecuencia de unas precipitadas medidas económicas para agradar al Fondo Monetario Internacional, sin medir las consecuencias de la fatal decisión.
Primera lección: el Gobierno Nacional y los futuros gobiernos, no deben actuar con frivolidad cuando se trata del escabroso tema de los ajustes económicos, que jamás son consecuencia de los pobres del país sino de las erróneas políticas económicas y sociales que los regímenes suelen aplicar, olvidando que cuando estas medidas resultan demasiados drásticas, caen en la provocación pura y simple para que la reacción ciudadana sea contundente.
Los organismos llamados de Inteligencia y Seguridad, deben cumplir su papel no solo detectando bandas de narcotraficantes, sino también previniendo que, en el tejido social y político, se infiltren elementos con fines muy diferentes al bienestar ciudadano en general, ya que a estos les importa poco, como se ha visto, la suerte de los manifestantes, verdadera carne de cañón para sus ambiciones.
Los dirigentes indígenas, en adelante, deben conducir mejor las protestas, ya que se comprobó que fueron desbordados en el transcurso de las aciagas jornadas de días pasados. Controlar a masas ingentes, es tarea difícil, sobre todo cuando se las lleva fuera de su medio habitual. Los dirigentes de la CONAIE tienen desde ahora la misión histórica de no convertir a sus protestas en caos, donde no ganan los indígenas, sino fuerzas oscuras.
Los estudiantes, toda una generación que ha salido a las calle por primera vez en forma masiva, deberán también aprender a conducirse en las protestas, detectando a los infiltrados a fin de aislarlos y evitar así que cometan desmanes.
Y para todos nosotros, ciudadanos ecuatorianos, la lección principal es, que maduremos cívicamente y exijamos nuestros derechos con conocimiento de causa y sin caer en provocaciones nefastas, de quienes toman como pretexto salir a las calles para actuar incluso en contra de los manifestantes sinceros, al ponerlos en riesgo inminente, y ni se diga a la ciudadanía que no participa en las protestas. (O)