Vivir en las sombras

Hernán Abad Rodas

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Dios nos ha otorgado la inteligencia y el saber, pero hemos dejado que se apague la lámpara de la gracia divina, para vivir en la oscuridad de la codicia, el error, la mentira y la injusticia.
Desde el principio de los tiempos hemos vivido en las sombras, y somos llevados como prisioneros de una celda a otra, mientras el tiempo se mofa de nuestra condición.
¿Cuándo llegará el día en que no existan guerras, protestas violentas, saqueos etc.?; Demasiadas piedras hemos acarreado y lanzado, y muchas cadenas continúan aprisionando nuestros cuellos.
¿Hasta cuándo soportaremos el ultraje, el despotismo, la agresión, la mentira, la avidez salvaje por el poder político y la corrupción?
En estos tiempos de oscuridad espiritual en que vive inmerso el mundo y recientemente nuestro país, es importante que busquemos las huellas de Jesús, Gandhi, Confucio y otros grandes maestros de la humanidad, para a través de ellas llegar a la paz verdadera.
Un gran fuego se enciende con una sola chispa, y para salir de la oscuridad en la que vivimos, es necesario que un solo corazón encienda la luz del saber, así como de una sola nube surge el relámpago que ilumina la profundidad de los valles y las cumbres de las montañas; así se iniciará el camino a la democracia verdadera y la libertad que tanto hoy añoramos.
La crisis que afecta a nuestro país y a Latinoamérica, no sólo es económica y política, sobre todo es de descomposición ética y moral.
Vuestro Ecuador señores políticos es: discursos, conferencias, monólogos; El mío es el canto del ruiseñor, el murmullo de las ramas en la arboleda, el eco de la flauta del pastor en los silenciosos valles, es la simple verdad desnuda.
Vuestro Ecuador gobernantes es: leyes, ordenes, reglamentos, documentos, permisos, certificados y papeles diplomáticos, el mío está en contacto con los secretos de la vida a los que inconscientemente conoce, es un anhelo de paz, democracia y dignidad.
Vuestro Ecuador apóstoles de Rafael Correa, minúsculo y megalómano individuo, es un barco sin mástil ni timón, actualmente abofeteado por las olas, el escepticismo es su capitán y su puerto una cueva de incertidumbre; el mío, paz, justicia y libertad. (O)