La silla vacía II

CON SABOR A MORALEJA Bridget Gibbs Andrade

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Ya cinco meses al frente de la Prefectura y Yaku Pérez ha organizado y protagonizado más mingas y pampamesas que en la época del Tahuantinsuyo. A esto se suman los graves incidentes de estos fatídicos días en los que azuzó a los indígenas para que se unan al intento de golpe de estado –los que sí tenemos mentes lúcidas sabemos que no fue un paro nacional- y sean parte de la jauría salvaje que destruyó Cuenca y Quito. Qué indignación ver los videos en los que el Prefecto y sus simpatizantes reían y saltaban alrededor de una fogata en una calle céntrica y qué gran desaire hacia las personas que confiaron y votaron por él. Yo, no lo hice, y ahora puedo ver que no me equivoqué.
Sabemos de sobra que cuando es políticamente conveniente la memoria se esfuma y el ápice que permanece es ingrato y frágil. El Prefecto se olvidó cuando enfrentaba al tirano de cómo expulsaron violentamente del país a su pareja en 2015, y hoy, paradójicamente, lidera protestas agresivas en contubernio con los que le vejaron. El doble discurso es su inefable amigo así como lo es de los otros dirigentes indígenas, los que, hacinados en el Ágora de la Casa de la Cultura de Quito protestaron por las medidas económicas portando en sus manos celulares que cuestan la “ínfima” suma de 400 dólares o más. ¡Caretucos! Así como lo fue él la semana anterior cuando luego de haber dado su palabra para que las vías de ingreso a la ciudad fueran despejadas y alimentos, medicinas y gas pudieran ingresar por la mañana, esa misma tarde se retractó. Creyéndose cacique del Azuay, arbitrariamente sitió a Cuenca. Usted no es dueño de nuestra provincia ni de nuestra ciudad, señor Prefecto. No se arrogue atribuciones que no las tiene.
Ser dirigente indígena es tan rentable como ser pastor de una iglesia: en ambos casos, son organizaciones de rebaños destinadas a acoger y seguir ciegamente a un líder. Mi respeto a la protesta legítima y pacífica, sin embargo, mi condena va hacia los dirigentes que se toman al país entero como rehén. Es inadmisible que una autoridad de la provincia ocasione caos y destrucción en una ciudad Patrimonio de la Humanidad. Por favor, dedíquese a trabajar y deje trabajar.
La silla sigue vacía… (O)