Tragedia en el país

49

El Ecuador ha vivido una de las jornadas más tristes y dramáticas de su historia reciente, como consecuencia del Decreto Ejecutivo que eliminó el subsidio a las gasolinas y el diesel, decisión controvertida que encendió un verdadero estallido social, con paralización de la movilidad en la carreteras de todo el país, incomunicación de ciudades y poblaciones que de esta manera vieron cortado el suministro de productos de primera necesidad, medicinas y servicios en general, entre ellas el de la Salud y la Seguridad Ciudadana.
No es hora de lamentos sino de pacificar a una sociedad gravemente dañada en su tejido social, con una polarización que tardará quizá mucho tiempo en subsanarse, y que a futuro dejará secuelas riesgosas para la estabilidad y unidad nacional. El Gobierno Nacional se vio rebasado por los hechos, y en algunos momentos, incapaz de controlar los brotes de violencia y delincuencia común que caracterizaron a varias de estas jornadas de protesta. También preciso es decir, el movimiento indígena que ha liderado las movilizaciones, no fue capaz de evitar las infiltraciones de personas indeseables, que convirtieron a las protestas en repudiables actos de violencia y vandalismo que atemorizaron a prácticamente todo el país.
Los daños son incalculables, y de hecho cuantitativamente superan con creces los mil doscientos millones de dólares que el Gobierno de Moreno esperaba recaudar con la supresión de los subsidios a los combustibles, por lo tanto la medida a más de inefectiva en los hechos, ha resultado contraproducente en todo sentido.
También fue preocupante la ausencia de liderazgo de las autoridades de las principales ciudades del país, que a excepción de Guayaquil, se mostraron ausentes o pusilánimes en los momentos más álgidos de las violentas manifestaciones. Finalmente, la política en su peor faz, es decir la politiquería ambiciosa, trató de pescar a río revuelto a costa del dolor y sufrimiento de todo el pueblo ecuatoriano. Dura lección que no debe olvidarse.