El valor de los productos lo definen los mayoristas

Los comerciantes pequeños de los mercados de Cuenca se deben a los que venden al por mayor.

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En la mayor parte de mercados de la ciudad no hay mucha variedad de productos.

Hasta hace una semana se podía adquirir catorce naranjas por un dólar. Ayer, a lo mucho y después de rogar, se podía comprar siete naranjas por el mismo precio en las carpas que se emplazan en los distintos mercados que tiene Cuenca. A los minoristas les ha tocado disminuir el producto que entregaban a sus compradores porque los mayoristas son los que deciden.

Los mayoristas ponen el precio a los sacos, por ejemplo, de papás o de naranjas. Ponen precio a la yuca, al verde, en fin, a todo lo que uno ve en exhibición. Y a los minoristas que trabajan en los mercados de barrio y en los mercados conformados por asociaciones deben acoplarse a ello y establecer otro precio que sea rentable.

Siempre ha funcionado así, y de una u otra manera quienes acuden a abastecer sus hogares lo han entendido. Pero desde que el presidente Lenín Moreno dispusiera la subida del combustible, todo cambió. La gente ya no entiende los precios de los productos que están en los mercados.

Por ejemplo, ayer, en la feria que organiza el Gobierno Provincial del Azuay en las cercanías del redondel de las mujeres de piedra, los asistentes reaccionaban mal cuando escuchaban los precios de las frutas y verduras. El comentario era el mismo: «está muy caro». Aun así tuvieron que comprar porque no había de otra.

“No hay muchas cosas por comprar. Me da lo mismo ir a la feria libre que venir acá. Los precios no varían. Todo está caro. No nos queda más porque qué vamos a comer. Dejar de comer no se puede”, dijo Elizabeth Castro.

Especulación

Para los vendedores es complicado afrontar a los compradores, porque antes de comprar primero expresan su indignación y luego dicen: «deme, deme». Pero los vendedores se excusan diciendo que de ellos no depende, sino depende de los mayoristas, quienes a sus vez se excusan diciendo que, además de pagar más por el combustible, el periplo es complejo porque las vías están obstaculizadas por manifestantes.

Los minoristas consultados opinan que sí, que debe subir el precio, pero creen que hay mayoristas que se están aprovechando. Un joven que trabaja en la feria del gobierno provincial y que prefirió no identificarse explicó que de a poco los vendedores al por mayor suben los precios. Sin embargo no hay más opciones: o compran para vender o no compran y se quedan sin trabajar.

“Yo les digo a los clientes que nos disculpen, pero así están los precios. Les recomiendo que mejor no compren naranja, que a menos que sea muy necesario, y que mejor se esperen esta semana para ver qué mismo pasa”, dijo el joven. Y es cierto: “Aguántese esta semana, vecina, no compre la naranja. Veamos qué pasa esta semana”, escuché lo que le dijo el joven a una mujer que preguntó por el precio de las naranjas. 

Indignación

Hay indignación entre las comerciantes porque mientras la Gobernación del Azuay se vanagloria con el abasto a los supermercados a través de los viajes por aire que está haciendo las Fuerzas Armadas, los más pequeños, los mercados de barrio y de parroquia no tienen mucho que ofrecer. Ante esta situación, el gobernador del Azuay Xavier Martínez dijo en una rueda de prensa que el momento que los mayoristas generen una logística para movilizar los productos “inmediatamente se les entregará los cupos o los espacios necesarios en el caso de los puentes aéreos”.

“No todos vamos a un supermercado. Y mandan cosas para allá. La gente, el pueblo está en los mercados, no está en los supermercados”, dijo una comerciante que tampoco se identificó porque tienen temor a ser criticadas por sus comentarios. (AWM)-(I)