Provincia sitiada

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La provincia del Azuay atraviesa por una delicada situación. Tiene una capital provincial sitiada. En los distintos cantones y parroquias que la conforman, la situación es similar, pues sus habitantes no pueden movilizarse o lo hacen con muchos riesgos. Desde hace más de una semana las vías que comunican al Azuay con el resto del país están bloqueadas. Los alimentos y productos de primera necesidad escasean y en algunos casos de agotaron. En los mercados hay especulación y los precios suben ante la necesidad de la gente de proveerse de alimentos. Esta situación no puede mantenerse por más tiempo. La población sufre las secuelas de un problema del que no es causante.
El Azuay y todas las poblaciones que la conforman no tienen capacidad para sustentarse autónomamente. Requieren de bienes y servicios que vienen de otras provincias. Así como hay productos que desde aquí abastecen a otras partes del país, también requiere recibir otros bienes. Esta realidad-por todos conocida- es utilizada hoy por distintos grupos que bajo el argumento de un reclamo, están sitiando a la provincia, aplicando presión sobre sus habitantes. Quienes más dinero tienen, menos necesidades presentan, pues por lo general tienen provisiones para un razonable plazo. Quienes más sufren son los más pobres que hoy padecen de escasez y especulación.
Las autoridades de la ciudad y la provincia y los dirigentes de las movilizaciones -entre ellos el Prefecto del Azuay- tienen la obligación de hacer todo lo que está a su alcance para poner fin a este cerco que se ha impuesto a la provincia. No se puede seguir presionando sobre una población indefensa que sufre los efectos de ese bloqueo de carreteras. En el resto de provincias del país, se han abierto vías para abastecer a la población. El Azuay es una excepción pues continúa aislada. Ya no es solo el comercio, el turismo, la producción los que sufren. Es toda la población y sobre todo los más débiles.