Ana Isabel Marquez enseña la “Diversidad”, allá en el Madame.

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Ana Isabel Márquez tiene un apego por pintar esas cosas de la naturaleza, de la vida. PSR.

Ana Isabel Márquez expone en el Madame. En el Madame se alimenta el cuerpo y el alma, es un espacio hecho para ver y hacer arte. Se puede escuchar música, se puede exponer pintura, fotografía, se pueden hacer lecturas.

El ojo artístico de Ana Isabel apuntó al espacio del Madame para mostrar “Diversidad”, una colección de obras de pintura que enseñan esa sublime captación de la artista al paisaje natural, al paisaje urbano para luego plasmarlos en colores vivos.

Obra individual y un tríptico enseñan la trayectoria de 25 años de arte y la fijación que Ana tiene en cada detalle plasmado hasta lograr un todo estético, comunicativo.

Lo de ella es el arte en múltiples áreas, hizo cerámica, también tapices y esculturas, pero en realidad lo que más le llena es la pintura, porque si algo resalta de ese universo de creación que lleva por dentro, es la capacidad creadora que hace realidad con las manos.

El cuarto de siglo de actividad en el arte de Ana Isabel le dan una versatilidad en el manejo de las técnicas y las tendencias, cualidades que le han llevado por diversas galerías y salones de Quito, Guayaquil, Cuenca y otras urbes.

En el Madame (Los Chitortes y Los Cisnes, cerca de la Universidad del Azuay) se enseña una parte de esa producción. Cuadros logrados con el empleo del gesso, marmolina, cartón, cuero y acrílico, sobre todo acrílico, considerado por la creadora como elemento noble, le permite trabajar con pinceles, con espátula.

Diversidad” es una forma de entrar a diversos temas y espacios. “El mundo es muy complejo como para centrarse en una sola temática, teniendo tanto que contar a través de la pintura”, dice.

El tríptico es una de las propuestas donde se deja ver el manejo del color y la técnica del punteado. PSR.

Lo que se expone

En un espacio acogedor, casi de hogar, allí cuelgan las obras, trazos que surgen de una observación a las geografías que recorre. Una obra en tríptico es un encuentro con el color, con los mandalas. Allí está la conmoción que le dejó el encuentro con la cultura de la India.

El tríptico resalta la nobleza y majestuosidad del elefante. Su textura, forma, profundidad se logró con la técnica del punteo; es decir, con un dominio de la punta del pincel que permite lograr texturas. Es una técnica distinta con la que la artista maneja colores entre fríos y cálidos, porque conocer el frío hay que sentir el calor.

Un tríptico que deja ver cómo la cultura y los colores unen al mundo. Esta obra es una conexión con la trinidad.

La Catedral de la Inmaculada

La perspectiva desde donde apunta al blanco para hacer realidad sus imágenes es la que deja perplejos. Ver la Catedral de la Inmaculada, da la impresión que Ana se metió entre las ramas de uno de los árboles del parque Calderón, desde allí admiró al majestuoso templo y esa imagen está hecha pintura.

Árbol con colores otoñales. Santa Ana tan erguida como siempre. Un rosetón hecho a la forma de un mandala. Una reinterpretación del paisaje urbano, de la arquitectura, del color del templo. “Todo lo hice con colores cálidos, con algunos efectos y con trazos precisos” señala. Una pintura lograda con la esponja, la espátula, el pincel. Una pintura donde nada tuvo que fallar.

La perspectiva de la Catedral la Inmaculada es diferente, como solo Ana la concibe. PSR.

El árbol

Otra obra nos lleva al árbol. Esta pintura nació en el mar, en la playa. Es un árbol del trópico, porque allí, junto al mar, hay mucha naturaleza, hay viento, hay hojas que se caen, otras que nacen, hay inviernos y primaveras, veranos y otoños.

Hojas pegadas al árbol, otras que se han desprendido, pero le pertenecen a él. Allí priman los colores rojos. Ana disfruta de esos tonos fuertes, en ella no existe el miedo a pintar con esa fuerza, con esa seguridad.

Otras obras

El resultado cromático sale desde lo más profundo de Ana Isabel. Lo mismo sucede en la pintura donde el paisaje de Camboya es el motivo, el protagonista. Árboles que absorben la identidad colorida de ese pueblo. Son grandes árboles, más grandes que las montañas, más grandes que las jirafas nobles; claro, están en primer plano, pero simbolizan la grandeza de un espacio tropical del planeta.

En un fondo de tonos rosáceos y naranjas resaltan dos manzanas. Las frutas son el símbolo de la vida, de las nuevas vidas que llegan a la tierra. Márquez toma el símbolo bíblico de la manzana para representar la existencia, el latir de dos corazones en un mismo vientre. Manzana como símbolo del origen de la vida, de lo dulce, de lo femenino.

Obra en gran formato, hecha en acrílico con espátula y chorreados, fórmulas que muestran la libertad de creación, expresión y técnicas que son propias de Ana Isabel, que le juega a la precisión, a no fallar.

Y hay más, frutas que se transparentan entre sí. La artista resalta el color de esas frutas, pero sobre todo la dulzura que cada una lleva, un cuadro especial por un elemento fantástico y hermoso como es, el colibrí colorido que se alimenta de la dulzura de esos frutos.

Globos que muestran cómo celebramos las fiestas son parte de esta colección. Una muchedumbre que no se figura como tal, sino que se logra con las técnicas que Ana sabe. Los globos son un símbolo de libertad, con un poco de fuego solo el aire sabe dónde dejará al globo. La muestra estará por un mes en el Madame. (BSG)-(I).