Subsidios

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Una colectividad política como un Estado tiene como objeto organizar la satisfacción de necesidades de sus habitantes mediante inversiones costosas y contar con recursos suficientes que los obtiene de bienes que son de su propiedad como minas y petróleo e impuestos de sus integrantes acordes con sus ganancias provenientes del trabajo. Trabajar, a diferencia de un castigo como afirma el mito bíblico del paraíso, es una virtud y necesidad que contribuye a la realización de las personas que obtienen ingresos debido a su esfuerzo. Se podría soñar en un país tan rico que todas las necesidades las satisfaga el gobierno sin necesidad de trabajo personal ¿Sería ideal este tipo de vida? Dudamos.
Los subsidios son rebajas en el costo de servicios públicos que no se compensan con los ingresos del país. Es conveniente que existan y haya un equilibrio entre los recursos del Estado y los gastos. Subsidios exagerados, a simple vista mejoran la calidad de vida de la población, pero con un análisis mayor generan condiciones en las que, entre otras cosas, el número de desocupados se incrementa al igual que el de personas que carezcan de ingresos fijos razonables. El ejercicio del poder y la administración pública no pueden ser estáticos y los subsidios tienen que variar de acuerdo con el equilibrio económico.
Medidas que disminuyen los subsidios no suelen ser populares, pero en determinadas condiciones son indispensables para el bien común. En el caso de nuestro país, la gestión del gobierno anterior se caracterizó por el despilfarro de ingresos durante el segundo boom petrolero y el incremento desmedido de corrupción de parte de sus integrantes. El actual gobierno no generó la crisis económica, la heredó de su antecesor. La gratuidad o costos bajos pueden sonar bonito, pero es indispensable que se creen condiciones para que, mediante el esfuerzo personal los ciudadanos obtengan ingresos que posibiliten una vida digna. Ojalá algún día se logre un equilibrio más durable en estas funciones.