Un fastidio

María Rosa Crespo

44

Timbra el teléfono, el celular se vuelve loco con su sonido característico, estaba perdido, pero tanto buscar lo encuentro debajo de una mesa envuelto en un mantel de la cocina; tanto trabajo para pasar un mal rato, más o menos unas treinta veces han llamado tanto hombres como mujeres, pero lo curioso es que tanto las féminas como los varones tiene una voz meliflua con el mismo discurso : “fulana de tal le ofrezco una oportunidad única, viajar a las mejores playas del Ecuador por ocho días, todo pagado y un presupuesto al alcance suyo, la oferta es limitada, decídase y no piense más, es una ganga créame, como hemos tenido excelentes referencias ponemos a su disposición este paquete”, como no me ha engatusado apago el celular y desconecto por un momento el teléfono, no sea que vuelva a llamar algún mal persignado. Transcurren algunos días y de pronto otras voces se dejan oír en el celular, pronuncian mi nombre y cuando contesto afirmativamente, para mi desgracia, escucho una catarata de ofertas, ahora de diferentes compañías que comercian celulares “Creemos para su dicha y contento que debe cambiar su celular, ahora vienen con los últimos adelantos de la tecnología, lo podemos visitar en su hogar- sin ningún compromiso -los precios se pueden diferir hasta los 24 meses, quedará muy satisfecha de su adquisición” – me digo porque molestan tanto o ese es su puesto: vender, vender. Apago el celular con mal genio. Para mi tormento, este año se ha multiplicado esta forma de comercialización: una seudo manipulación a cualquier hora del día o la noche. Quienes están al frente de estos negocios: viajes, celulares, cables satelitales y otros artilugios debieran terminar con estas propagandas. (O)