Cuando el caballo era el aliado de los trabajadores de Cumbe

En el siglo pasado, el caballo era el medio de transporte ideal para quienes trabajaban en la periferia.

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Ayer, unas 30 personas se reunieron para visitar en caballo a las comunidades de Cumbe y conocer las necesidades de cada una de ellas.

En otros tiempos, en Cumbe el caballo era el aliado de los trabajadores: la bestia soportaba el peso de la leña, de la leche y de las cosechas. Era el medio de transporte ideal. Por ejemplo, el finado padre de Miguel Idrovo, nativo de Cumbe, solía juntar a 20 caballos para transportar el carbón -que se extraía de la parte alta de la parroquia rural- hacia El Vado.

Pero el uso del caballo quedó atrás como en la mayoría de las zonas rurales del Azuay. Ahora, si lo comparamos con un vehículo, el animal es un clásico: se lo cuida y se lo prepara para los desfiles y para la escaramuza. La mayoría de caballos que están en Cumbe ya no se entrena para que carguen el peso de la agricultura y de la ganadería.

Ahora ya no son las bestias sino los animales que tienen nombre: hace años, el caballo del cumbeño Luis Pesantez (que hasta ese entonces no tenía una palabra que lo identificara) se soltó, y en ese preciso momento un conocido llamado Benito pasó por su lado y lo saludó. ¡Benito!, dijo Luis, y el caballo dio media vuelta y regresó. Desde entonces el caballo se llama Benito.

Detrás de cada nombre, como el de Benito, hay un sinfín de historias. Chicolín o Capricho son algunos de los nombres que tienen un por qué.

Mantener la tradición

Ayer, un poco más de 20 caballos fueron reunidos en el centro de Cumbe para realizar una cabalgata por la parroquia rural. Los animales y sus jinetes visitaron las comunidades para estrechar las manos y buscar resolver las necesidades que tienen cada una de ellas.

La iniciativa de ello provino a la par de las celebraciones a la parroquia, que este mes cumplió 167 años de vida política y autonomía.

“Ha sido una buena iniciativa para visitar a nuestros vecinos y mejorar como comunidades y como barrios. Queremos unirnos para mejorar el turismo en la parroquia que tiene muchas cosas por ofrecer”, explicó Miguel Idrovo.

Visitar las comunidades en caballo, para los participantes, fue para mostrar al animal, que alguna vez había sido el sinónimo de trabajo duro y desarrollo, y rescatar la tradición de montar, por lo menos en las zonas en donde todavía los vehículos no son una necesidad. (AWM)-(I)