Los malls, ‘refugio’ de muchos

Cada vez que Gonzalo Aguilar (74 años, Paute) se siente solo, busca refugio en una de las sillas del patio de comidas. Allí solicita un café y espera a que, la llegada de más personas, calme un tanto su sensación de no tener a nadie en este mundo. La “receta” a sus problemas, aunque no se sabe si es del todo efectiva, la aplica con regularidad. “Aquí me siento bien, soy jubilado, mis hijos ya todos tienen sus familias...Así que me vengo para acá cada vez que puedo”, dice Aguilar.

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Cada vez que Gonzalo Aguilar (74 años, Paute) se siente solo, busca refugio en una de las sillas del patio de comidas. Allí solicita un café y espera a que, la llegada de más personas, calme un tanto su sensación de no tener a nadie en este mundo. La “receta” a sus problemas, aunque no se sabe si es del todo efectiva, la aplica con regularidad.

Aquí me siento bien, soy jubilado, mis hijos ya todos tienen sus familias…Así que me vengo para acá cada vez que puedo”, dice Aguilar.

A pocos metros de Aguilar un joven de cabello indómito parece hablar solo. Mueve su cabeza, gesticula con las manos, sonríe, alza la voz de vez en cuando. Lo cierto es que el joven, aprovechando el wifi gratuito del lugar, se halla en un diálogo de lo más animado. Nada podría perturbar su conexión con esa otra persona.

Una pantalla gigante concentra la mirada de decenas de personas. Y no es para menos: juegan el Atlético de Madrid con la Juventus y nadie se quiere perder las gambetas o los goles de Cristiano Ronaldo, perseguido por las cámaras y con el ego más inflado que nunca.

Alrededor del lugar un entorno saturado de letreros invita a degustar helados, parrilladas, comida china, pollo brosterizado, un dulce de las tres leches, el café de don Gonzalo. Pero no solo eso, ya que, en la planta baja, es posible encontrar de todo para todos, desde un auto último modelo hasta una libra de papas, desde un celular hasta un perfume de esos que atraen sin querer.

Son casi 200 locales que se reparten el catálogo de productos y los potenciales clientes llegados de todas partes y por todos los medios posibles, en carro propio, en taxi, en bus, en bicicleta y hasta a pie. Todos confluyen en el mismo lugar.

Luz Ávila, natural de Sidcay, Ricaurte, asegura que ya no es necesario ir al centro a realizar algún trámite, pues todo lo encuentra allí.

Aquí compro mis medicinas, pago la luz, cobro mi montepío. Si quiero comprarme alguna ropa, igual puedo hacerlo sin ir más lejos”, asegura la mujer, para quien la presencia del mall les simplificó la vida no solo a ella sino a todos los cuencanos.

Gonzalo Bermeo ha llegado con sus hijas y su esposa para pasar un momento ameno. Para él, el mall le brinda la oportunidad de liberarse del estrés cotidiano, así no tenga plata.

Uno aquí la pasa chévere; se come, se camina. Y si hay platita hasta puede meterse al cine a ver una buena película”, dijo Bermeo, de profesión maestro. (JA)-(I).