Karla Abad, la cuencana que llevó su emprendimiento a la Argentina

Decir Karla Abad, en el mundo de la moda, ya es palabra mayor. Sus antecedentes así lo confirman, pero ella nunca se está quieta...Siempre busca más y demostrar que lo que sus manos aprendieron cuando era niña no fue fruto de la casualidad sino de una vocación que se ha ido afianzando con el paso del tiempo. Con dos maestrías en su haber y con un ligero acento argentino que se traduce es palabras como “acá”, pero sin ocultar sus raíces cuencanaa, Karla nos cuenta en qué se halla.

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Decir Karla Abad, en el mundo de la moda, ya es palabra mayor. Sus antecedentes así lo confirman, pero ella nunca se está quieta…Siempre busca más y demostrar que lo que sus manos aprendieron cuando era niña no fue fruto de la casualidad sino de una vocación que se ha ido afianzando con el paso del tiempo.

Con dos maestrías en su haber y con un ligero acento argentino que se traduce es palabras como “acá”, pero sin ocultar sus raíces cuencanaa, Karla nos cuenta en qué se halla.

“Desde que fui muy niña me encantaba dibujar, ver ropa, diseños de revistas, vestir a las Barbies. Fui muy cultivada por mis padres, desde pequeña me pusieron en academias de arte, cuando me di cuenta que la ropa era lo mío. Mi madres eimpre tuvo un local de ropa”, cuenta Karla, en tanto no deja de mirar algunas de sus obras, de las cuales luegó hablará. Es como si sintiera tentada a hacerlo ya , de inmediato.

Karla, quien en el 2012 fue invitada a participar en el concurso de Miss Ecuador con la Ruta de la Belleza, asegura que este evento fue la llave que le abrió muchas puertas en Cuenca, tanto así que, sin haber graduado en la Universidad, “la demanda de vestidos me obligó a abrir mi tienda de modas”.

“Fue algo muy chiquito, prácticamente un emprendimiento en la casa de mis padres. Bueno, fuir creciendo y como a los tres años puse un local grande con un equipo de tres personas que se dedicaban a coser”, relata Karla, quien, luego de esa experiencia sintió la necesidad de trascender fuera de las fronteras patrias.

En el 2017 fue a Argentina, a la Univeridad de Palermo, a recibir un curso pequeño de diseño y pedrería, quizás sin presentir que allí comenzaría a dejar huellas de una maestría 100% artesanal.

“Ahora estoy radicada en ese país, me fui por asuntos personales. Allá en la universidad gané un concurso de diseño exponiendo ante los maestros del diseño. Hago un curso allí mismo en la universidad en los que es pedrería y me especializo en esa rama por la que siempore fui muy querida y amada en el Ecuador”-

Consecuente con ese destino fecundo y creativo que le ha tocado vivir, la diseñadora explica que en la nación austral están muy de moda las llamadas rutas textiles, en donde se dictan talleres en los que se empieza desde cero y de los cuales ha sido parte exitosamente como instructora y maestra.

“Esto de la pedrería es un arte, cada persona tiene que tener gusto y sobre todo creatividad, ganas de mezclar piedras, buscar nuevos materiales”, comenta Karla, quien hasta el momento ha impartido clases a cerca de 90 alumnos, todas mujeres, no solo en su taller sino en una escuela de arte a la cual fue invitada. Dentro de los aprendices puede haber desde niños hasta personas de la tercera edad.

La complejidad de su arte es tal que, afirma, ninguno de los diseños se repite, cada uno tiene su propia combinación de elementos, aunque destaca que todos tienen un eje, guías, un punto focal y líneas de conexión que imponen su toque de armonía.

Una mariposa que reposa cerca de sus manos confirma que lo suyo, realmente, demanda mucha creatividad y buen gusto.

El objetivo fundamental de estos talleres es que quienes asistan y aprendan inicien sus emprendimientos y hagan valer lo aprendido. Según Karla, que ha sido recientemente invitada al argentina Fashion Week con una pasarela de alta costura, el negocio es muy rentable, toda vez que este tipo de creaciones pueden incluir desde trajes informales, como una chaqueta jean hasta un vestido de novia o quinceañera. Todo depende de la creatividad y el amor que se le ponga. Palabras de Karla Abad.