El teatro es magia pura

Tito Astudillo y A.

124

Como nada es producto del azar y todo tiene su razón de ser en secuencia y en armonía con los acontecimientos sensibles o no, muy frecuentemente se revelan situaciones de aparente coincidencia, pero que las más de las veces son como mensajes subliminales que nos recuerdan algo por suceder o sucediéndose, como cuando escribiendo un reportaje sobre París, el recuerdo dos obras de teatro, La cantante calva y La lección, de Eugéne Ionesco, vistos en un acogedor escenario del Barrio Latino, dirigen mi pensamiento a Escenarios del Mundo, el mayor acontecimiento teatral que anualmente sucede en nuestra ciudad.
Dos clásicos del teatro del absurdo: La cantante calva, estrenada en París en 1951, que en realidad nada tiene que ver con el título, ya que, como dice el mismo autor -no hay ninguna cantante calva ni cabelluda-, lo que existe es una carencia de comunicación y una advertencia social sobre el -automatismo humano- que, en la actualidad, alcanza su máxima expresión en una población más preocupada en -subir un chisme en las redes sociales- que en dialogar con sus semejantes del entorno, también sumidos en la misma situación; teatro del absurdo que como en La lección, el autor acude al humor para expresar su lectura de la cotidianidad social estigmatizada por la violencia y sus personajes asumen un rol aparentemente fuera de contexto, pero que analizados con rigor, son portadores de una sutil reflexión sobre la dinámica social vigente.
Es que el teatro de Ionesco, más allá de esa virtud testimonial y de advertencia social que trasciende espacio y tiempo para ser siempre actual, como la incomunicación humana y la violencia social que nos alerta, es mágico a plenitud. Como dice Jorge Dávila Vázquez, “el teatro es magia pura…”. (O)