Los “mayorcitos” aún prefieren las recargas

Casi todos los días, Eudocia Ramón (74 años, oriunda de El Pan) acude a la tienda de su barrio, en Las Herrerías, para hacer una recarga de un dólar para su teléfono celular, un Nokia de modelo desconocido que ya pide un lugar en un museo. Adulta mayor como es, requiere estar en contacto con sus hijos en Guayaquil, quienes, aunque son ellos quienes más la llaman, ella también lo hace. Por eso nunca está sin saldo en su dispositivo móvil.

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Jaime González asegura que no contrata planes por falta de dinero.

Aunque muchas veces el pago les resulta más oneroso, igual lo prefieren así

Casi todos los días, Eudocia Ramón (74 años, oriunda de El Pan) acude a la tienda de su barrio, en Las Herrerías, para hacer una recarga de un dólar para su teléfono celular, un Nokia de modelo desconocido que ya pide un lugar en un museo.

Adulta mayor como es requiere estar en contacto con sus hijos en Guayaquil, quienes aunque son ellos quienes más la llaman, ella también lo hace. Por eso nunca está sin saldo en su dispositivo móvil.

Muchas veces le han insistido en la necesidad de que contrate un plan de alguna de las telefónicas del mercado, pero ella se rehúsa porque considera que “no son confiables, a uno la marean con sus ofertas y después vaya a ver si también es cierto. Con un dolarito hablo bien”. En realidad, ese “dolarito”, en algunos lugares, se vuelve 1,10.

Ramón gasta, en promedio, 25 dólares al mes, lo cual, comparado con el plan más económico del mercado, de alrededor de 16 dólares mensuales, le arroja un saldo en contra de 9 dólares. Sin embargo, no cambia su preferencia habitual.

Jorge Hermida (68 años), al igual que Ramón, no se deja ni siquiera tentar por los beneficios extras que ofrecen las operadoras, tales como wathssap ilimitado, megas extras y la posibilidad de disfrutar de otras aplicaciones acordes con los últimos avances de la tecnología.

“¿Para qué quiere uno tanta cosa, si lo más importante es llamar y que lo llamen? Eso es más para la juventud, que es novelera, aunque también para los estudios”, considera Hermida, natural de Guachapala.

Hermida prefiere hacer sus recargas periódicas porque ya sabe, más o menos, cuánto le duran, además de que también desconfía de las ofertas múltiples que ofrece el mercado.

Jaime González (63 años) vende yogurt en las afueras del supermercado el Coral, de la avenida de Las Américas. Él también ha optado por las recargas, pero su justificación es porque “no hay plata”.

“Eso es para la gente que tiene cuentas y les pueden descontar de allí, pero uno, que no sabe si vende o no sus productos con seguridad, qué va a poner plan de nada”, confiesa González, quien habita en la zona de Don Bosco.

Pie de foto: Para Jaime González la falta de dinero es un factor decisivo a la hora de contratar un plan.

Ofertas del mercado.- Con el fin de atraer a la mayor cantidad de clientes, las telefónicas acuden a varias estrategias de seducción, la mayoría ofreciendo ventajas en el uso de internet o la mayor disponibilidad de “megas”.

Por ejemplo, la empresa estatal CNT puso en marcha el Plan Todos conectados, cuyo principal atractivo es, por 7,84 dólares, dar 2.000 megas de navegación más otros 200 para Facebook.

Asimismo, el Plan Sin Límite, de la empresa Claro, ofrece 9.000 megas por 28 dólares, incluidos impuestos. Incluye un bono de 7.500 meghas por 24 meses.

Para no qiedarse al margen de la competencia, Movistar ofrece, por 17,80, 3.000 megas de navegación, más un bono de 1.000 megas por 12 meses.