El fin de UNASUR

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La Comisión de asuntos Internacionales acaba de aprobar la recomendación para que la Asamblea Nacional denuncie el tratado con UNASUR. Todo hace pensar que cuando el tema se debata existirá la mayoría necesaria para que el legislativo ratifique esa decisión. Con anterioridad, el Presidente Moreno había expresado su oposición a seguir dentro de ese organismo de integración, que en la realidad fue un experimento fracasado como tantos otros que nacieron del socialismo del siglo XXI, cuando varias naciones latinoamericanas estaban gobernadas por mandatarios pertenecientes a esa línea.
La Unión de Naciones Suramericanas nació en el año 2008 y estuvo conformada por doce países que firmaron el acta constitutiva. Entre sus objetivos fundamentales constan la integración regional a través de distintos mecanismos. El primer Secretario General fue el exmandatario argentino Néstor Kirchnert, contra quien ya en aquel entonces pesaban acusaciones de corrupción en el manejo de la economía de su país. La sede fue otorgada al Ecuador cuyo gobierno construyó en la capital de la república un edificio que nunca llegó a ser ocupado en su totalidad. Eran los tiempos de abundancia de dinero proveniente del petróleo.
La integración de América es un anhelo que lamentablemente no ha logrado cuajar en la realidad. El mayor intento hecho a través de la OEA ha tenido una tortuosa historia con fracasos y algunos avances que han hecho de la integración más una declaración lírica que una realidad. El gran problema ha sido siempre la excesiva carga política. La UNASUR nació con esa tara que a la postre lleva su desaparición, cuando Suramérica ya no es gobernada por los caudillismos del socialismo del siglo XXI, muchos de los cuales hoy son perseguidos por la justicia o están presos por corrupción. Se trata de un experimento más que fracasa y que deja como saldo un conjunto de países que requieren integrarse y no encuentran el camino.