Educación complementaria

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En un pasado no lejano, los centros educativos de primaria y secundaria daban clase por la mañana y la tarde, con lo que la permanencia en casa de los estudiantes era de menor tiempo. Cambios en la organización educativa han hecho a estas instituciones matutinas y vespertinas, con lo que los estudiantes cuentan con mayor tiempo libre en sus hogares, lo que de alguna manera se complica porque en un amplio porcentaje de familias trabajan fuera de casa el padre y la madre por necesidad económica, debido a que en los últimos tiempos la incorporación de la mujer a este tipo de actividad se ha intensificado. ¿Qué hacer es este tiempo libre estudiantil?
Con el nombre de academias se ha incrementado el número de centros que ofrecen educación complementaria a los estudiantes como una oportunidad para que organicen adecuadamente una serie de aptitudes y preferencias que, o no hay en la educación oficial o es insuficiente. Hay organizaciones de este tipo en áreas como la pintura y otras artes plásticas, artesanías, música, danza, deporte, enseñanza de idiomas que, en principio, tienen éxito por el número de estudiantes que asisten. Se trata de una educación que, sin la obligatoriedad y formalidad oficial, enriquece a los alumnos y facilita el control familiar a los menores.
Los efectos positivos de estos centros son evidentes; en unos casos ofrecen oportunidades para el desarrollo de otras áreas de aprendizaje que atraen a los estudiantes según sus aficiones cualidades, con lo que la formación se complementa y enriquece robusteciendo el desarrollo integral de la personalidad. Lo que importa es que haya seriedad en estos centros no oficiales y que los ingresos económicos de los que ofrecen no sea la única prioridad. Por otra parte, hay instituciones como museos y centros culturales que son parte de la administración pública y que podrían ofrecer este tipo de enseñanza informal aprovechando la infraestructura física y humana con que cuentan.