El siguiente capítulo

Andrés F. Ugalde Vázquez @andresugaldev

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Si hay algo de lo que Cuenca ha de sentirse orgullosa, es de la calidad de sus hombres de letras. Ese talento que se ha derramado a raudales, no solamente en los libros incontables que han iluminado la literatura nacional, sino y sobre todo en la valiente tarea del periodismo. Allí, será donde encontraremos ese periodismo literario tan propio de nuestra tierra. Incontables páginas donde la política y la literatura se fundían en piezas magistrales e irrepetibles. Allí estará la pluma fogosa y mordaz de Solano. Los grandes escritores de la derecha conservadora. El tono político de Remigio Crespo Toral y Honorato Vásquez. La pluma serena y distinguida de Benigno Malo y su brillante defensa del federalismo.
Y sin embargo, nunca brillaría tan alto la literatura cuencana como en las páginas del periodismo liberal. Allí aparecía el periodismo cosmopolita de Federico Proaño. La pluma excepcional de Manuel J. Calle elevando a la injuria hasta hacerla literatura. La crítica certera y mordaz que llevaría al borde al despotismo genial de García Moreno. Y sin embargo, no habría escritor capaz de igualar la figura soberbia de José Peralta. Allí conoceríamos, nítido, al gran literato de nuestra tierra. Al escritor de fuste, estilo y honestidad inexpugnable. El cronista que pintó, como nadie, el espíritu altivo de nuestra tierra.
Pero no. No se apagaría el fuego creador con las luces del modernismo. Por el contrario, en 1904 llegaría a la imprenta “La Alianza Obrera” y poco después, en 1924, Don Carlos Sarmiento fundaría “El Mercurio” desde cuyas páginas conoceríamos a Roberto Aguilar. La historia de cuerpo entero con Víctor Manuel Albornoz. La crónica elegante de Francisco Talbot. El humor irreverente de Francisco Estrella.
Y aún en nuestros días, cómo podríamos olvidar el ánimo creativo de Jorge Dávila. El estilo culto y abundante de Felipe y Víctor Aguilar. La pluma elegante de Mario Jaramillo. El estilo franco y altivo de Aurelio Maldonado. Escritores que reivindican ese periodismo literario y mantienen viva una herencia de literatura constante, nutrida y vertical. Una herencia que debe perpetuarse en otras voces. En otras plumas jóvenes y capaces de escribir el siguiente capítulo del periodismo literario cuencano. Ese que, estoy seguro, aún tiene mucho que dar… (O)