Fuego en la Amazonía

Josefina Cordero Espinosa

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Los filósofos de la antigüedad tenían al fuego como el principio dinámico de energía que era exclusivo de los dioses que lo enviaban a la tierra en forma de rayo para que los hombres lo teman y lo guarden. Cuando aprenden a hacerlo por ellos mismo, surge el sentido del hogar, porque no es solo la llama que incendia, cocina y consume, sino la pasión que funde corazones e inflama sentimientos en fraguas de cariño con olor a pan y mesa familiar; y es también el empeño que impulsa a descubrir, a inventar, a crear y a triunfar.

El fuego con su doble rostro de luz en el día y oscuridad en la noche, es sagrado y usado también como símbolo de infierno y castigo.

En estos días, vemos como se consume la selva amazónica en medio de llamas gigantescas que la devoran. Sobrecogen las imágenes y la fuerza devastadora de esa pira gigantesca que incendia y revienta provocando horror en el mundo.

¿Hemos llegado a deshumanizarnos tanto, para haber provocado semejante hecatombe?, si nadie lo hizo, ¿Qué nos pasa a los humanos, para ser indiferentes a esa tragedia universal?

¡Que Dios se apiade de nuestra especie! (O)