Destrucción del patrimonio

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El derrocamiento de un bien patrimonial viene a sumarse a una larga lista de hechos similares. Al igual que en ocasiones anteriores, la reacción es de indignación de la ciudadanía y de mea culpa de las autoridades municipales y de patrimonio, que no atinan a una política que conserve el patrimonio, pero al mismo tiempo brinde facilidades a los propietarios de esos inmuebles para conservar esos bienes poniéndolos a tono con las necesidades del mundo actual. Mientras no se implemente una política acertada seguirá repitiéndose el ciclo de destrucción y tibia sanción, que ha imperado hasta ahora.
La lista de casas patrimoniales derrocadas durante los últimos años es larga. En la mayoría de los casos la destrucción se hizo aprovechando el fin de semana y la falta de controles. Hubo casos en que esa destrucción se hizo con la complicidad y encubrimiento de funcionarios y autoridades, como en un inmueble de la avenida Solano. Algunos de esos bienes fueron sacados irregularmente de las listas de patrimonio y cuando se descubrió ya fue tarde. Hay profesionales que prometen a cambio de un pago sustancioso, conseguir los permisos y sacar a esos bienes de la lista. Es un secreto a voces.
Pero la corrupción y el irrespeto, son solamente una arista del problema. La otra es la falta de políticas integrales. Los dueños de bienes patrimoniales deben recibir compensaciones como exoneración de impuestos y tributos-por ejemplo- o facilidades para restaurar esos bienes dándoles nuevos usos sin perder su carácter de bien cultural. Hay que entender que muchos de los propietarios no tienen capacidad económica para mantener esos bienes ni para afrontar las necesidades de la vida diaria por lo que se arriesgan a destruirlos. Seguir haciendo lo más fácil que es prohibir, sancionar, anunciar que se están buscando soluciones y lamentarse, no lleva a ninguna parte.