Práctica educativa

Nancy Negrete Martínez

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En este nuevo año lectivo, la reflexión sobre la práctica educativa debe fundamentarse desde la convicción y vocación de las acciones, enrumbados hacia fines educativos comunes y orientados a una propuesta educativa eficiente y eficaz. Sin embargo, aún persisten problemas que se vienen arrastrando por décadas.
Urge, por ejemplo, una alfabetización académica para enseñar teorías filosóficas y epistemológicas, ya que nos hemos formado con retazos de conceptos que carecen, contextualmente, de significado. Los docentes seguimos enseñando como se puede, sin cuestionarnos cómo concebimos el conocimiento y cómo concibe quién aprende. Debemos entender que las instituciones educativas deben preparar para la vida y no ser la vida misma; por lo tanto, reflejar esos cambios que estamos viviendo, sin enmarcarnos en un molde sino abrirnos a experiencias, descubrimientos y obtención de nuevas facultades.
Desde los docentes, todavía hay negligencia por aprender los cambios que se presentan en los procesos educativos; estamos mirando siempre a la normalización de dicha práctica, desde las mismas políticas públicas hasta normas autoimpuestas a favor de dicha regulación. De ahí que, es necesario un diálogo y consenso gubernamental para un verdadero compromiso humanista, social y con la participación de todos quienes viven diariamente esta realidad. También, hay factores que pueden hacer más dinámica la complejidad con la que se presentan los conocimientos en la enseñanza, por ejemplo, desde los métodos didácticos.
Si no ponemos toda el alma y el corazón, “si no hacemos descansar la razón en los instintos, la imaginación y los sentimientos, si no consideramos la unidad esencial del hombre que el cientismo moderno no ha sabido explicar” (Peirce), no tendremos éxito en lo que hagamos. (O)