Éxito…

Claudia Acosta A.

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En una hermosa información recibida de un sabio y natural maestro, éste me explicaba el proceso del desarrollo del niño hacia su ser adulto, me decía que los primeros siete años del niño le pertenecían a la madre, a su atención y cuidado; luego el padre es quien se encargaría de transmitirle sus enseñanzas, de los siete a los catorce años; y entonces el joven, ya con estas dos informaciones afincadas en él, estaría listo para iniciar su propia búsqueda; es la etapa de la adolescencia, y en un proceso natural y sano, este periodo debería tener muchos espacios de silencio, reflexión, juego, ejercicio físico, contacto natural, labor social y sí, sobre todo libertad de errar… lo paradójico resulta que justamente en esta edad de búsqueda de su propio ser, empiezan las exigencias con el tener… tener éxito en todo lo que hagan, no hay tiempo para aprender del error y menos para la escucha de su propia voz…
Una vorágine de consumo y competitividad, un barullo externo, voces que demandan, exigen, apremian: “tienes que hacer esto”, “tienes que hacer lo otro” “piensa en la carrera que escojas, ¿te va a permitir generar los recursos que necesitas?” “tienes que ser alguien” “tienes que triunfar” “tienes que alcanzar el éxito en tu vida” así mientras estas voces externas cobran cada vez más fuerza, sus voces internas se debilitan y acallan…
La pregunta es, como sociedad, como educadores, como padres ¿qué inculcamos en nuestros jóvenes, en nuestros hijos?, ¿le damos importancia a su crecimiento y desarrollo como buenos seres humanos, elementos positivos para la sociedad y el mundo en el que se desenvuelven? ¿Les hemos enseñado a amarse a sí mismos, a cuidarse y respetarse? porque si no son capaces de cuidarse y amarse a sí mismos, ni amarán a nadie ni cuidarán nada; si no les hemos mostrado la compasión consigo mismos tampoco serán compasivos con los otros, ni con el mundo; si no les hemos guiado hacia la escucha de sí mismos, a buscar la libertad desde la interioridad de su ser, aun con mucho éxito se sentirán esclavos; si no les hemos mostrado el valor que tienen por el simple hecho de existir, por más recursos que alcancen serán mendigos…
Y entonces ¿qué queremos para nuestros hijos? ¿Les motivamos hacia la búsqueda de la verdadera felicidad?, ¡o hacia el éxito y poder que alimenta nuestro ego y nada más! (O)