El valor de la lectura para Jaime López Novillo

Dice que lee de todo para hacer un balance de la vida, de su vida.

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Jaime Lopez Novillo
Jaime tiene un poco más de sesenta años, pero si no fuera por su cabello blanco, aparentara menos.

Vive rodeado de plantas, bicicletas y libros. Ni más ni menos. Por afuera se ve una casa pequeñita, simple, como cualquiera, pero adentro todo está en orden y en silencio, acomodado a su manera: una salita chiquita, una cocina pequeña, y un cuartito que da hacia la calle. Y en esa parte de la casita está lo que fui a ver: libros y libros, todos de color café claro, ubicados en dos estantes. Allí huele a antiguo, a viejo. Allí hay paz. ¿Cómo será dormir allí?, me pregunto. Seguro que será rápido, me digo, sin sueños, sin molestias, algo así como estar en el páramo, aunque en el cuartito no hace frío, más bien es como si los libros a uno le acogieran, le abrazaran. En fin, no nos vayamos por las ramas.

El que vive rodeado de plantas, bicicletas y libros se llama Jaime López Novillo. No quiero hacer hincapié del personaje público porque ya es conocido por impulsar el uso de bicicleta y por su programa “Descubriendo Cuenca”, pero estoy casi seguro que no le conocen por sus libros, porque leer nunca ha estado de moda. Y yo fui por eso, por sus libros.
Empiezo por una pregunta cliché: ¿cómo nació el gusto por la lectura? Y responde con una pregunta cliché: “de niño viví rodeado de libros”. Parte de la biblioteca que me rodea me explica que la obtuvo cuando su padre murió, y este obtuvo de la misma manera. Al vivir rodeado de libros, Jaime entonces supo que tenía un valor intrínseco. Aprendió a leer en las piernas de su difunto padre. Y con el aprendizaje, supo que leer era parte de su sistema de alimentación. Al crecer se dio cuenta que leer le estaba ayudando a ver al mundo, y sobre todo al ser humano, sin prejuicios.
Le pregunto qué lee, qué le gusta. Y me dice que lee de todo, y enseguida no me convence su respuesta porque no he tenido buenas experiencias con la frase “de todo”, como por ejemplo con la música. No hay peor respuesta a la pregunta ¿qué te gusta escuchar?, con la frase “escucho de todo”. Intento que me explique su respuesta.
“Leer de todo me ha permitido hacer un balance. La idea no es llevar la basura a la cabeza, a veces toca leer basura, así como toca ver la televisión basura para entender la magnitud de satisfacer apetitos del poder económico”, dice Jaime, quien es bajito y tiene el pelo blanco, como la nieve del Chimborazo.
Intento entender su respuesta, pero a continuación me asalta otra pregunta y le digo: ¿cuántos libros tiene? “No sé, no me interesa”, sin embargo, a mí sí. Y mientras le hacía las preguntas y el respondía yo fui contando, primero en fila, luego promedié, y dije hay 20 libros, y de veinte en veinte llegué a los mil. No puedo asegurarlo. Aunque son bastantísimos.
Llegar hasta este personaje nació de la pregunta: ¿quién tiene más libros en Cuenca? Me han dicho que hay hombres y mujeres que tienen por millares, pero yo me quedé con el Jaime, y con su biblioteca, con la paz de su casa, y con sus frases, que por falta de espacio, por falta de caracteres no puedo escribir, aunque aquí va una que me gustó mucho, a más de esta: “yo conozco personas que tienen una gran cantidad de libros pero no han leído uno solo, solo tratan de aparentar”.

Y aquí otra:

“Yo considero como un valor la lectura, como la honestidad, la honradez. Ser cultos no quiere decir que uno estudió en una buena universidad o en una universidad de prestigio. Ser culto es salir de la mediocridad, del desconocimiento leyendo”.

Fomentar la lectura

Otra de las preguntas que le hice fue cómo incentivar la lectura, y me respondió con una respuesta que es verdad, y que creo que no hay otra: predicar con el ejemplo y no obligar. Me dice que él siempre vio a su padre leer, y entonces también replicó ello, y se adentró en ese mundo que difícilmente se puede salir. La lectura creo que es la única adicción que no tiene cura, me digo en mis adentros.
“Hay muchas maneras de incentivar, y las estoy preparando para presentar a las autoridades y las tomen en cuenta. Imagínese, todos leyendo en el parque, sentados en las orillas, leyendo”, dice.
Y sí, me imaginó, y la comparo, con el debido respeto, con ese folleto que suelen entregar los religiosos, en que los humanos se les ve felices, conviviendo con los animales.

TEXTO Y FOTOS POR: Andrés Vladimir Mazza