Exrector del Colegio Nacional “Santa Isabel” rememora sus vivencias

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Thimoleón Abad Heredia, uno de los primeros rectores del plantel en el que dejó su huella impercedera.

No ha cambiado su pose, su mirada directa, su amabilidad al hablar, y aunque la cabeza luce toda blanca, sigue erguido, y capaz de recordar su larga trayectoria de vida, sobre todo la de maestro, que incluye más de tres décadas como Supervisor de Educación del Azuay.

Él es Thimoleón Abad Heredia, 82 años, el “viejo” rector del Colegio Nacional “Santa Isabel”, que celebra sus 50 años de creación, del cual fue uno de sus fundadores.

Ya jubilado, un tanto obligado por la era correísta que “denostó de los viejos”, vive en su casa junto a su esposa, Fanny Coronel, cuyos hijos casi todos son, como él, odontólogos, y especializados en el exterior.

Un reencuentro con él, casi 30 años después, permite saber que vive dedicado a la lectura, al disfrute de la vida plena, a estar siempre con desbordante optimismo, a vestir siempre con elegancia, a bailar de vez en cuando en casa con los suyos, a dar y recibir cariño y comprensión de la esposa, hijos, nietos, yernos, nueras, y los amigos.

Nacido en Girón, Thimoleón Abad confiesa que haberse criado en la hacienda de su padre le permitió templar el espíritu, el carácter, ver la vida siempre con optimismo pese a eventuales contratiempos, y a apreciar a los demás sin distingo de ninguna naturaleza.

Ese bagaje de experiencias adquiridas desde niño, más la alimentación de la época, basada en granos, la fortaleza que le imprimía su padre, encomenándole duras tareas y responsabilidades, le han servido para tenerle en vereda a la enfermedad que, como lo dice, es parte de la existencia.

Rememora que desde temprana edad aprendió a ensillar los caballos, ni se diga a cabalgar; que su padre fue seminarista por exigencias del suyo, pero que lo abandonó porque eso no iba con la naturaleza de su ser.

Su época como rector del ahora cincuentenario plantel y de quienes fueron sus alumnos las tiene claras, a tal punto que dice tener nítidos los rostros de cada uno; al igual que de sus compañeros maestros, entre ellos Rolando Sarmiento (+), Oswaldo Ochoa “mi compadre”, Rodrigo Pazmiño, Gloria Manzano, “Pancho” Luna (+), Celso Zapata, Rosa Juca, Juan Parra, Jorge Guzmán; además de “ese ser tan sencillo y ocurrido, además de ser mi compadre”, que fue “Luchito” Rivera (+), el primer conserje del plantel.

Destaca las destrezas, la inteligencia, las habilidades, el afán por superarse, incluso a las adversidades, de los estudiantes de la época, y hasta los cita dando los nombres, entre ellos los de los alumnos fundadores del Colegio.

Pero tampoco olvida los llamados de atención que impartía a alumnos y profesores, sobre todo en el campo de la disciplina; lo exigente que fue para que los jóvenes estudien, a tal punto que a algunos los dejaba sin recreo.

Cómo olvidarme -dice- de las peripecias, de lo que se comía y pasaba en el soda bar “Samarkanda”, de las “salidas” que inventaban mis estudiantes para sortear algún mal momento; de mis explicaciones un tanto diplomáticas pero firmes para explicar a algún padre de familia el por qué su hijo recibió tal sanción, esquela o fue echado del aula.

Al final le iban agradeciendo

Con singular risa, cuenta que un alumno fundador, habiéndose quedado aplazado en matemáticas iba a estudiar todos los días frente a su consultorio para demostrarle que sí estaba estudiando.

Llegada la hora del examen y el desesperante sorteo de tesis, él le dice: “Señor haga la tesis número 1”. Pero Dr…. “Haga la tesis 1”. Al final del examen, ese alumno le da un largo apretón de manos y tras un largo silencio le dice: “Gracias Dr. Timo”.

Marcadas amistades en cincuentenario del Colegio Nacional “Santa Isabel”

Dos fases

Thimoléon Abad tiene dos etapas en Santa Isabel. La de educador y la de odontólogo. La primera, tal como lo reconoce, le sirvió como de especie de “cuartel” para entender e impartir a fondo lo que es la educación, sobre todo la basada en valores, en el humanismo, en la ética, la disciplina, la cívica.

Y, claro, todo esto le sirvió para luego ser Supervisor de Educación, cargo que lo desempeñó durante más de tres décadas. En calidad de tal “bendijo” a la primera promoción de bachilleres. A ellos, según rememora, le tocó cumplir la palabra empeñada de que cuando se gradúen se “tomaría una copa de vino con cada uno de ellos”.

Ahora que el Colegio celebra su cincuentenario, el exrector rememora hechos, anécdotas, fechas, cita nombres de muchas personas de Santa Isabel, de autoridades municipales de la época, de profesores, incluso de primaria, que empujaron la causa, más que nada para conseguir el Ciclo Diversificado.

Siente orgullo de haberlo dirigido, al igual que por la senda que luego imprimieron quienes le sucedieron en el cargo, y por la cantidad de maestros que han pasado por el Colegio dejando cada uno su huella.

“Le debo y mucho a Santa Isabel”, confiesa Thimoleón Abad, quien como odontólogo también dejó huella. A su consultorio, ubicado en la parte baja de la Notaría atendida por su suegro, Cornelio Coronel, llegaban los pacientes, incluyendo los alumnos, por el dolor de muelas o a que les ponga dentaduras postizas, la “moda dental” de la época.

“El Dr. Thimo”, como le decíamos, envuelto en el hilo de los recuerdos se da una pausa para pedir ser el portador del abrazo a todos sus exalumnos y al Colegio donde dejó gran parte de su vida, ahora que llega a sus 50 años de fundación. Aquí les va… (JDF)-(F).