“Pepe” Peláez, en blanco y negro

El paisajismo y el retrato caracterizan su vasta producción que está en digitalización.

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Pepe Peláez fotografía en blanco y negro
Personaje Jose Pelaez es un fotografo de Gualaceo que hizo su vida profesional en Cuenca, aun trabaja con negativos fotográficos. Xavier Caivinagua

La primera fotografía que miró y tuvo en sus manos José Antonio Peláez Vera fue en 1946. Tenía solo 11 años de edad. En ella aparecía retratado junto con sus compañeros de grado, de la escuela de los “Hermanos Cristianos”, en Azogues. La foto la tomó con una cámara de cajón el religioso Ignacio Neira, director del plantel. Aquella imagen en blanco y negro marcó su vida.
Tras terminar la primaria y al ver lo hábil que era con el dibujo y la pintura, Benjamín Peláez y Mercedes Vera, padres de José

– nacido un 8 de abril de 1935, en la parroquia Remigio Crespo Toral, perteneciente al cantón azuayo de Gualaceo- lo matriculan en el “Colegio Seráfico”, en Quito. Por motivos de salud y, más, por la nostalgia de la separación familiar, él regresa y se dedica a las tareas agrícolas y ganaderas en la finca que tenía su padre en el cantón Limón Indanza, provincia oriental de Morona Santiago.
Los paisajes de la amazonía, los amaneceres y esos naturales cambios de coloración de las montañas soleadas le maravillaban. De tonos rosados pasando a los amarillos y hasta rojizos. Todo quedaba en su retina. Los años juveniles llegaron y “Pepe” -como le dicen sus amigos- cumple el servicio militar en Guayaquil. Y como todos los caminos llevan a Roma, es en la ciudad puerto donde conoce las técnicas de fotografía con su tío Miguel Arévalo Molina quien profesionalmente se dedicaba al oficio. La primera cámara de “Pepe” fue una Zeiss-Ikon, de origen alemana. El revelado de los rollos y la impresión en papel lo traían a Cuenca. Lo hacía en foto-estudio “Ortiz”, de Alejandro Ortiz Cobos; y, en “Foto Pesántez” de Cornelio Pesántez, aquí es en donde perfecciona las técnicas de revelado y además conoce a su esposa Esther Pesántez – también experta en la fotografía- con quien procreó dos hijas, Mónica y Anita.
En 1963, junto con Benjamín, su hermano menor (son diez hermanos, cuatro hombres y seis mujeres), “Pepe” compra en unos 3.000 sucres aproximadamente un laboratorio fotográfico que, en Riobamba, lo estaba vendiendo el italiano Luis Botta. Con todos los equipos adquiridos se forma la sociedad “Foto Estudio Peláez Hermanos” que, en Cuenca, funcionó en el Pasaje Maldonado, en el sector de la 9 de Octubre.
Fueron los años del “boom” fotográfico. Dedicarse a esta actividad era todo un privilegio que automáticamente otorgaba prestigio, una buena paga y le aseguraba un selecto lugar en eventos tanto sociales como culturales. El que más recuerda “Pepe” es el Festival del Durazno del cual tiene un amplio archivo gráfico.
En 1971 su hermano Benjamín viaja a los Estados Unidos en donde vive actualmente dedicado a las artes gráficas en una próspera compañía que con empeño y decisión emprendió.
El trabajo ya en solitario prosiguió, y en esta etapa José Peláez consideró que era hora de compartir, a través de exposiciones, todo lo hecho en su trayectoria como fotógrafo. Lo hizo con una reflexión: no soy el mejor, estoy lejos de serlo, me falta muchísimo para serlo. A sus 84 años aún lo dice y acentúa que todo lo que sabe es por autoformación, empirismo. A la serie de muestras que ha presentado en las galerías del Banco del Pacífico, de la Alcaldía de Cuenca y del Museo de Arte Moderno se suman las donaciones fotográficas al Municipio de Gualaceo y al de San Juan Bosco. Fueron imágenes en gran formato que tienen algo más de un siglo y de un alto valor patrimonial y, sobre todo, sentimental.
Han pasado ya 20 años desde que “Pepe” se jubiló. Con una boina gris, lentes, camisa celeste arremangada, pantalón gris de tela, y zapatos negros bien lustrados sube las escaleras como alguien de unos 40 años o menos, con una agilidad y fortaleza que lo atribuye a las duras jornadas en el campo. En la tercera planta de su casa, ubicada en San Blas, está su “refugio”. En donde era una cocina ha adecuado un pequeño laboratorio. Es que desde su retiro no ha pasado un día sin que no haya salido a tomar fotografías. Especialmente en el Parque Nacional Cajas (oeste de Cuenca), lugar que le inspira y lo energiza.
Al llegar la noche literalmente se encierra y empieza a procesar su material. Todos los implementos -que se importan del extranjero porque en el país ya no se venden- están en orden. A la derecha, las máquinas ampliadoras; a la izquierda, las balanzas y las botellas con químicos: metol, sulfito, hidroquinona, bromuro de potasio y carbonato de potasio. En el centro están las cajas con las películas, negativos, rollos y fijadores.
Peso, cantidades y procedimientos deben ser cronometrados. Por eso también hay un pequeño reloj rojo que marca los tiempos.
En la actualidad. “Pepe” es acaso el único fotógrafo que, en la ciudad, mantiene el revelado en blanco y negro, una técnica que requiere de mucha habilidad en el manejo de la luz. Este es el secreto mayor, confiesa. Junto al laboratorio está un improvisado estudio con sombrillas, pantallas reflectoras, trípodes y una pesada cámara junto con otras como una Mamiya RB67 que es su fiel compañera y a la cual da uso frecuente. En las paredes hay grandes fotos enmarcadas en blanco y negro de la ciudad de antaño, y un cuadro con la imagen de Edita Campoverde, Chola Cuencana del año 1986; en esta creación artística se empleó pintura al óleo sobre retrato.
Actualmente José Peláez trabaja en la digitalización de su vasta producción y en un documental que inmortalizarán lo que aquel niño tuvo como afición y que el hombre convirtió en parte de su vida. “Pepe” sonríe al recordar. Vuelve a su laboratorio. Se despide. Apaga la luz. Cierra la puerta. Oscuridad. Silencio. Paz y vida. (I)
APOYO
“Al momento de tomar una fotografía en primer lugar pongo mucho de mis sentimientos que salen de mi ser, de mi amor por este arte”
“Al que más le debo lo que soy es a mi hermano (Benjamín), y a mi esposa quien me ha apoyado en todo en el campo de la fotografía”.

Por: Diego Montalván S.
Fotos: Xavier Caivinagua A.
El Mercurio- Cuenca