Cruenta delincuencia

Francisco Chérrez Tamayo

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Otrora nuestra sosegada y pacífica urbe, se ha convertido hoy en una de las ciudades más peligrosas del país, ya no existe un lugar seguro donde no se encuentren al acecho los maleantes. Es lamentable observar en la ciudad como la mayoría de negocios que dan a la calle, se han protegido con enrejados de barrotes de hierro, dando la impresión que sus dueños y dependientes se encuentran presos tras las rejas, atendiendo a sus clientes prácticamente “enjaulados”; estas escenas las observábamos antes únicamente en ciertos lugares de la costa ecuatoriana; y los domicilios particulares no se quedan atrás, la mayoría de ellos se protegen con cercas eléctricas. Hoy en Cuenca a diario, a plena luz del día se reportan robos, asaltos, femicidios, violaciones, homicidios, cosa que nunca antes existió. Todas las personas e instituciones estamos a merced y somos presa fácil de los tentáculos despiadados e inmisericorde con los que actúa la delincuencia, sin piedad ni compasión alguna, cegando al paso prósperas e inocentes vidas, tiñendo de sangre a diario las calles de nuestra antes franciscana Ciudad. Que desobligo causa que a pretexto de los derechos humanos hoy se proteja más al delincuente que al perjudicado. No se han emitido nuevas leyes para endurecer las penas para los criminales, asesinos y violadores, más bien se les encubre y se les deja libres en cuestión de horas; y cuidado con agredirle al malhechor, porque este está protegido por las leyes y puede demandarle al perjudicado. Que tamaño despropósito! Desgraciadamente todo tiene un trasfondo social, la delincuencia crece y arrecia cuando existe más pobreza, migración, falta de trabajo, descomposición socio económica y de valores, como padece hoy nuestro país, producto de la herencia de la “revolución ciudadana”. Alguno de Uds. estimados lectores se imaginó años atrás observar a nuestra querida ciudad debatirse en estas condiciones? Lamentablemente la indignación y la impotencia frente a este desastre, nos obliga a exigir comedidamente a las autoridades, que las asambleas y las marchas por la paz y en contra de la delincuencia no sean un simple show mediático, que se implemente un programa conjunto, factible e inmediato, para frenar este auge delictivo que mantiene en zozobra a toda la población. (O)