Rumi

Josefina Cordero Espinosa

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La casualidad me puso en contacto con la Antología de Yalal ad Din Rumi, persa del siglo XIII, poeta místico, contemplativo, a quien sigue la orden Mevleví, o de los Derviches Giróvagos que meditan girando sobre sí mismos y hasta hoy leen diariamente los pemas de su maestro, cuya obra monumental llamado Masnaví, consta de 25.575 pareados, que los dictó a un discípulo que lo acompañaba a todas partes para copiarlo desde el año 1260 hasta su muerte en 1273. Antes Rumi escribió miles de cuartetos, cientos de odas, discursos y cartas metafísicas.

El anhelo básico de su poesía es volver a la unidad espiritual entre el Creador y la criatura que, separada de su origen toda su vida se lamenta ansiosa por volverse a unir en armonía y paz: “oiga a los lamentos de la flauta // quejándose por los dolores de la separación.

Desde que del cañaveral me cortaron // mujeres y hombres han gemido mis suspiros”/

Esa misma unidad, Rumi la buscó uniendo poesía, música y danza, como camino para llegar a Dios, confirmando que la poesía oriental es la representación del alma misteriosa de su pueblo y sus poetas. (O)