Incertidumbre

438

Junto con la queja sobre el clima, las elucubraciones sobre si funcionará algún día el tranvía, son temas obligados de conversación en Cuenca. Lo del clima es intrascendente y no es el principal problema de la ciudad, que sufre por inseguridad, malas carreteras y falta de fuentes de trabajo. El tranvía- en cambio- genera inquietud y temores que crecen cada día ante la falta de pronunciamientos claros. Decir que se sigue haciendo estudios, que hay temas legales pendientes o que faltan informes, no basta. El Municipio, los concejales, el alcalde, deben decirle a la ciudad qué es lo que va a pasar. A estas alturas decir que no se sabe qué ocurrirá sería una tragedia.
Que los ciudadanos comunes y corrientes no sepan qué va a pasar, es entendible. Pero que las autoridades municipales no lo sepan, sería una desgracia. Las elucubraciones dicen que el tranvía es impracticable. Que el número probable de pasajeros diarios es muy inferior al que se requiere. Que con la tarifa proyectada es imposible que se sostenga y que se necesitaría duplicar ese valor. De lo contrario el Municipio tendría que subvencionar el déficit. Eso significa que todos pagaríamos esa subvención vía impuestos indirectos. Subvencionar una obra con los problemas que tiene, no es desde luego una solución.
El costo mensual de un tranvía que no funciona es un lujo que la ciudad no puede darse. Mantener semáforos para un tranvía inxistente, no puede darse. Si va a funcionar bien pero de lo contrario esos semáforos deberían retirarse pues complican más el tráfico en las zonas por donde va la ruta del tranvía. Más allá de que deban establecerse responsabilidades sobre esta obra, hoy lo importante es encontrar soluciones duraderas y comunicarlas a la ciudadanía. La impresión de que existe un velo de misterio no es buena ni para la administración municipal, ni para la gente. La incertidumbre no puede continuar.