Las redadas…

Simón Valdivieso Vintimilla

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Las redadas de inmigración en Mississippi se llevaron a sus padres. Esa es la noticia como otras del mismo corte que ha circulado en el mundo en estos días, cuando la policía detuvo a 680 inmigrantes que cometieron el “pecado” de buscar mejores días en la tierra del Tío Sam, al costo que sea, pero llegaron, se afincaron, procrearon y hoy sus hijos viven en el desamparo del amor filial que todo ser humano lo tiene.

La mayor redada contra inmigrantes realizada en Estados Unidos en la última década. Así se califica a esta acción del gobierno del país del norte que ha desplegado una lucha incesante para combatir a la inmigración ilegal que ya lleva unas cuantas décadas.

Las imágenes que la prensa nos trae son desgarradoras. Niñas y niños que lloran desconsoladamente y en su lengua materna que es el inglés porque nacieron y crecieron en esa tierra, reclaman al gobierno porque les quitaron a sus padres y se quedaron en la vereda de la calle llorando inconsolablemente, mientras ellas y ellos están tras las rejas en espera de ser juzgados.

Somos país de inmigrantes, pero también somos un país de leyes y continuaremos haciéndolas cumplir. Esa es la voz oficial de un fiscal que responde frente a las críticas que desde varios sectores se han realizado frente a la acción gubernamental. Estados Unidos es un país de leyes, sin lugar a dudas, y ese sometimiento al ordenamiento jurídico ha hecho que crezca y se convierta en el país que es; pero también hay que reconocer que Estados Unidos ha suscrito varios instrumentos internacionales de derechos humanos,  y entonces a donde debe apuntar la acción del gobierno es a reconocer ese derecho que todo hijo tiene de estar junto a sus padres. Es un derecho humano irrenunciable. La ley va contra mi corazón, dijo el segundo de los resucitados –Lázaro fue el primero-  cuando se acercó a la María Magdalena, lo que para la época era algo inconcebible. (O)