Violencia y racismo

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Con demasiada frecuencia informan los medios de comunicación sobre tiroteos con saldos fatales en Estados Unidos perpetrados a sangre fría por personas que, con toda facilidad pueden adquirir armas de fuego en almacenes. El control de estas ventas ha sido motivo de polémica desde hace años, pero siempre se ha impuesto esta “libertad” ya que, de los fuertes ingresos económicos en ese país la fabricación y venta de armas letales es muy importante. En el fondo es mejor que algunas personas adquieran más dinero con estos negocios, que la preservación de vidas humanas y la seguridad que es un derecho esencial. El culto a “San Dinero” puede más que el respeto a la vida.
El racismo ha sido otro problema doloroso en ese país, siendo víctimas la población afroamericana y, últimamente, la latinoamericana. El racismo ha estado fuertemente ligado a la violencia. Cabe recordar que dos de los grandes líderes que combatieron este prejuicio: Abraham Lincoln y Martin Luther King murieron asesinados cobardemente. En el último tiroteo que tuvo lugar en Texas, ciudadanos latinos, algunos de ellos de ciudadanía norteamericana, fueron víctimas y su autor por escrito manifestó su nefasta decisión aduciendo como motivo el repudio a la población latina de ese Estado, cuyo porcentaje es elevado.
Elemental es que los gobernantes combatan este prejuicio, pero el actual gobernante –aunque se rasgue las vestiduras y de labios para afuera combata el racismo- en su política hace lo contrario. Con lenguaje grotesco trata de identificar a los migrantes de esa región como delincuentes, asesinos y violadores y una amenaza a la seguridad nacional, usando el término “invasión” para justificar su política. Es evidente que este lenguaje genera odios en determinados grupos humanos e incentive su racismo que de alguna manera parecía escondido, peor aún si es que para combatir esta “invasión” trate de construir un muro que deja como una migaja al de Berlín.