Quito marca sus carreteras con huellas de perro para salvar la fauna urbana

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Foto: Cortesía

Preocupado por los continuos atropellos de mascotas en sus calles, el Municipio de Quito ha lanzado la original campaña “Déjalos Cruzar” con señalizaciones de huellas de perros en 25 vías de la ciudad.

La pionera campaña pretende concienciar a la ciudadanía de que respete la fauna urbana del distrito y que los conductores frenen cuando vean a los animales tratando de cruzar la calle.

Para ello, funcionarios de la alcaldía han comenzado a pintar grandes huellas de perros en la calzada y a colocar señales de tráfico que advierten de que el sector es de gran afluencia de animales callejeros.

Ambas señalizaciones previenen a los peatones y conductores para que tengan cuidado con los perros abandonados en las calles más concurridas de la capital.

La secretaria general de Inclusión Social del municipio de Quito, Gabriela Quiroga, explicó a Efe que esta campaña se realiza dentro del marco de los diez grupos de atención prioritaria del cabildo, entre los que se encuentra los “animales y naturaleza”.

Pintar las “patitas” es un “eje transversal para todas las otras luchas, porque sabemos que si todas estas luchas se unen vamos a lograr cambios”, aseguró Quiroga.

Cada punto de señalización en las calles tendrá un color diferente en representación de cada grupo de atención prioritaria, entre lo que destacan niñas, niños y adolescentes, ancianos, negros, migrantes, indígenas o discapacitados.

Quiroga agregó que esta señalización, además de prevenir la muerte de los animales, precautela la vida de las personas que, muchas veces, al esquivarlos provocan accidentes de tránsito de graves consecuencias.

La medida ha sido adoptada en una ciudad en la que miles de perros abandonados recorren a diario sus calles y veredas.

Ese es el caso de la vía periférica “Princesa Toa”, que conecta el sur de la ciudad con Conocoto, parroquia rural del Distrito Metropolitano.

Una treintena de perros merodeaba este jueves en los márgenes de la vía esperando que desde los vehículos les arrojasen algo de comida, lo que representa un peligro tanto para ellos como para los conductores.

Para minimizar esos riesgos, varias organizaciones animalistas han instalado incluso recipientes y tubos bajo la señal de tráfico para que peatones y conductores depositen allí la comida.

Como en la carretera de Conocoto, existen muchas otras en Quito en las que perros abandonados han encontrado su hogar y corretean con frecuencia de un lado a otro.

Según datos de la Empresa Pública Metropolitana de Gestión Integral de Residuos Sólidos (Emgirs), el servicio de recolección de cadáveres de perros “Animales al Cielo” recoge a diario más de veinte cuerpos atropellados.

La intención del Municipio es que “la gente deje de ser tan apática”, que deje de creer que “el perro está en la calle porque le gusta” y que solo sirve para “cuidar la casa y comer las sobras”, apuntó Quiroga.

La campaña intenta por tanto que la gente reflexione sobre la vida de estos animales y que deje de considerarlos una “cosa” y entiendan que es un ser vivo.

La idea original del proyecto fue del gobierno provincial de Pichincha, cuya capital es Quito, que en los últimos tres años instaló siete vallas publicitarias para alertar del problema en los espacios provinciales.

Ahora, la Alcaldía recoge la idea no solo con la señalización en las vías de tránsito sino también con un programa educativo para apoyar este cambio de conciencia.

Este plan creará una “Unidad de bienestar animal” en las escuelas y colegios que realce la idea de que se requiere una “convivencia armónica” con la fauna urbana.

Un censo poblacional realizado en diciembre pasado por la Universidad San Francisco de Quito determinó que existe un perro callejero por cada 22 habitantes en las zonas urbanas de Quito, es decir más de 110.000 canes.

Otros estudios apuntan a una demografía incluso mayor, lo que se ha convertido en un problema de salud pública ya que los perros callejeros comen de las basuras y sus cadáveres pueden quedar abandonados largo tiempo. EFE