La no intervención

Marco Carrión Calderón

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Este principio es enarbolado sobre todo por los países a los que no les interesa que otros Estados intervengan en sus asuntos, pero pretendiendo intervenir en los de los demás. Recordemos que la URSS reclamaba la “no intervención” para ejecutar sus más crueles violaciones de los Derechos Humanos y mantener el dominio militar y político sobre otros países. Así hace, actualmente, Rusia con Ucrania, Chechenia, etc. Y ¡que nadie intervenga¡, que los Estados invadidos sean dejados inermes en las garras de su invasor.
En estos mismos días sobre la desastrosa situación de Venezuela los gobernantes y políticos mojigatos manifiestan, poniendo un tono solemne y circunspecto, que la solución de los problemas de la tiranía, satrapía e incapacidad de Maduro no puede ser por otra vía que no sea el que internamente ese país encuentre la propia solución. ¿Qué diálogo puede haber entre un torpe aferrado al poder y con la fuerza de las armas y una oposición inerme…?
¡Cuánta ingenuidad y complicidad! Parece que no se dan cuenta de que no se puede encontrar una solución interna mientras Maduro mantiene un férreo e incondicional apoyo de su ejército. ¿Cómo pueden los ciudadanos solucionar el problema venezolano si el torpe gigantón mantiene sojuzgada a la nación por la fuerza de las armas? ¿Y qué dicen frente a la intervención rusa con tropas de apoyo en Venezuela? ¿Y la gran cantidad de cubanos infiltrados en ese país?
Por desgracia la política de “no intervención” representa, en casos como este. una manifiesta complicidad con la tiranía. Es hacerse de la vista gorda ante la desgracia de un país, y de su gente, sojuzgada por ese ignaro sujeto que ha logrado comprar el apoyo militar incondicional. Sentirse tranquilos diciendo que no a la intervención es decir que siga la tiranía hasta que al torpe le dé la gana. (O)