Paola Bravo: “Hay que romper límites para lograr cosas grandes”

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Paola Bravo durante el tercer día de ascenso en la ruta “La Nariz” en la pared El Capitán, Estados Unidos.

Salir de su zona de confort, hacer lo que muy pocos se atreverían con perseverancia y bastante esfuerzo le han llevado a Paola Bravo, de 24 años y 1,50 metros de estatura, a inscribir su nombre en la historia de la escalada mundial en roca.

También está en proceso de obtener la certificación como Guía Profesional de Montaña. Será la primera cuencana en conseguirlo. “Uno siempre debe romper sus límites para lograr cosas más grandes. El miedo es un gran defecto aunque puede convertirse en virtud en la toma de decisiones”.

Abrir la mente a nuevos retos con buena actitud y positivismo, le hizo aceptar la propuesta de la quiteña Andrea Castillo que también le invitó a su coterránea Damaris Jaramillo para cumplir el Primer Ascenso de Cordada Femenina Ecuatoriana por la ruta “The Nose” del Gran Capitán, en el Parque Nacional de Yosemite, en California, Estados Unidos.

Paola Bravo escala una pared grande en el Parque Nacional de Yosemite, antes de emprender la ruta “The Nose” de El Capitán, una de las grandes paredes más famosas del mundo.

La pared rocosa tiene unos 914 metros aproximadamente, desde la base hasta la cima. La página “Latitud Cero Climbing” explica que la ruta elegida tiene 28 largos (tramos) exigentes, algunos incluso intimidantes, que fueron escalados por las tres de forma tradicional (natural) y artificial (uso de ganchos). La distancia del largo depende de la dificultad de la vía y la longitud de la cuerda.

Maniobras a las que no estaban acostumbradas –como jalar el equipo y todo lo necesario para una buena supervivencia- dañaron su planificación y en lugar de cumplir el objetivo en cuatro días lo hicieron en seis: uno al que dedican siempre para la fijación de cuerdas, cuatro por la escalada y uno más por dormir en la cima.

Pasar hambre y sed, desconectados del mundo, fue parte de las anécdotas que vivieron y ahora les resulta hasta divertido cuando las recuerdan. En El Capitán “el agua se acabó (25 litros), además se nos cayó una funda de comida. Un día tuvimos que dormir sentadas, colgadas en el arnés porque no logramos llegar a la repisa que es como un pequeño espacio de roca que le permite a uno acostarse y dormir”.

Andrea Castillo (I), Damaris Jaramillo y Paola Bravo en el día en que preparaban el equipo para subir a El Capitán.

Inicios

Paola desarrolló sus estudios primarios y secundarios en la Unidad Educativa Cedfi. A más del español domina el inglés y un poco el francés. Se considera semi-vegetariana. “Hay veces que como carne ya sea porque mi cuerpo me pide o simplemente por desgaste energético, pero son en ocasiones especiales”.

Entrenaba gimnasia olímpica y natación hasta que por una amiga de su hermano empezó a escalar en el muro de la Federación Deportiva del Azuay. Pronta fue su adaptación que en su primer año de práctica ya comenzó a competir. Logró algunos podios nacionales e incluso representó al país en un Panamericano.

Sin embargo, motivada por Daniel “Bagre” Carrión, empezó a interesarse por la escalada en roca y la aventura al aire libre, algo que concatenaba con su gusto por viajar. “No se puede explicar la sensación que se tiene en la roca al estar colgado de un arnés a determinada altura, es como llegar a conectarse con uno mismo”.

En el 2016 hizo su primera salida internacional. Escaló algunas montañas y paredes entre Francia y España. “Algo que me cuesta bastante es el frío. En mi primer viaje a Francia, como no tenía tanta experiencia, se me congelaron las manos, los pies y me puse a llorar desconsoladamente”.

Este tipo de situaciones o la convivencia con varones, de pasar “tanto tiempo en una carpa y de tener que ir al baño al lado de una persona”, han forjado su personalidad y carácter. También le han permitido advertir que los descensos son más peligrosos que los ascensos. “El hecho de llegar a la cumbre no es la victoria, regresar vivo y sano a la casa es importante y en la bajada siempre se comete más errores por el cansancio o por querer bajar más rápido”.

En el Huamashraju. en Perú, Paola Bravo (D) junto con David García

Subsistencia

En casa es la única que está vinculada con la escalada y el montañismo y la única de cuatro hermanos que vive con sus padres Celmira Almeida y Carlos Bravo. De ellos siempre tuvo apoyo económico para los viajes, hasta que convino que debía buscar los recursos por sus propios medios cuando salió de la universidad como Ingeniera en Biotecnología.

“Mis ganancias más inmediatas son de las guianzas pero tampoco es un ingreso tan grande para vivir cómodamente. Estoy guiando en medias y altas montañas”. Su oficio se respalda en la experiencia y también en la formación. Hace dos años ingresó a la Escuela de Guías de Montaña (ESGUIM).

Es la primera escaladora cuencana que busca un certificado para guiar en cualquier parte del mundo. “Uno no es tan maduro cuando acaba el colegio para definir lo que va a querer hacer en su vida. Ahora estoy haciendo lo que me gusta”.

Una de sus compañeras es Carla Pérez, la primera mujer ecuatoriana en subir al Everest (8.848 m.s.n.m.) sin oxígeno. Ambas siguen los pasos de Juliana García, única guía profesional ecuatoriana.

El proceso requiere de una buena inversión para llenar en el menor tiempo posible el denominado Libro de Ruta. Este tiene algunas exigencias como escalar cinco diferentes montañas que midan más de 6.000 metros. En Ecuador solo hay el Chimborazo. De allí que tiene que viajar al exterior.

Sacrificio

La formación como guía profesional comprende además otras actividades como un “trekking” de cinco días sin salir de la montaña, subir y bajar el Cotopaxi, etc. “Son días enteros de ir a dormir en algún lugar, en carpas, fuera de la zona de confort”. Esta rutina ha hecho que sacrifique reuniones familiares en fechas especiales.

Pese al dolor que le produce, no claudica ya que al ESGUIM sólo ingresan los que aprueban un examen exigente en la parte física. Recuerda que la llevaron al Cayambe (‎5.790 m.s.n.m.). Primero tuvo que orientarse hacia puntos de referencia con un GPS; después, escaló en roca con zapatos de escalada normales y con botas de nieve; realizó pruebas en técnicas de cramponaje en el hielo, y una prueba de 4×4 donde, en el menor tiempo posible, tuvo que escalar una pared, correr arriba y volver a bajar.

Carla Pérez (I), Stalin Olivo y Paola Bravo en la cima del volcán Cayambe, a 5.790 m.s.n.m. Pérez y Bravo son compañeras en la ESGUIM.

En sus momentos libres desarrolla dos proyectos relacionados con su título universitario. Con un socio, realiza “estudios para descontaminar los metales pesados de la minería”. Dice estar consciente que lo de la escalada y guianza no serán eternos.

Hasta entonces espera escalar las paredes más altas de todos los lugares a los que pueda ir. De momento viajará la próxima semana a Perú. “Por primera vez no voy con un objetivo fijo, veremos qué montañas están en buenas condiciones porque la Cordillera Blanca es un sitio en el que hay algunos accidentes”.

Entre sus amigos de aventuras están los cuencanos Daniel Carrión y el cuencano Christian Llivicura quien, con 19 años, también está en la ESGUIM. Damaris Jaramillo es otra de sus compañeras incondicionales. Juntas hicieron en el 2018 el primer ascenso femenino de “Karma de los Cóndores” en el valle Ishinca de Perú, una ruta de 14 largos que sube hasta los 5.000 m.s.n.m.

Paola Bravo (I) y Damaris Jaramillo en el 2018 hicieron el primer asenso femenino del “Karma de Cóndores”, en Perú.

LA FRASE

“Todos deberían probar salir de la zona de confort para apreciar un poco más lo que viven. Creo que solo allí uno llega a extrañar a las personas y apreciar las cosas que uno tiene, las materiales y las intangibles como el cariño de las personas, la solidaridad…uno si puede romper un poco los límites del cuerpo”.