Modigliani

María Rosa Crespo

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La vida de Amadeo Modigliani estuvo marcada por la miseria, daño y desconsuelo. Nació en Italia  en 1884 de origen sefardita, su  padre, fue un banquero arruinado, la madre salvó  de la pobreza a la familia fundando un colegio, mantuvo a la familia y  ayudó a Amadeo durante toda su  vida y alentó su vocación por el arte . El pintor lleno de sueños y ambiciones  fue a París para conquistarlo, a los 22 años  escribió a un amigo “Soy el instrumento de fuerzas poderosas que nacen y mueren en mí” esas fuerzas eran muestra de su  innegable talento, pero desde  entonces fue solo decaer; padecía tuberculosis  y una vida bohemia que al final  lo  llevaron a la tumba. Jamás se llevó bien con sus coetáneos, estuvo solo, fuera de lugar y ello debió de formar parte  de su fracaso. Expuso sus cuadros en el salón de otoño en París pero no gustaron, los largos cuellos  parecían espantosos y sus desnudos levantaban duras críticas, no vendía ni un solo cuadro, hizo esculturas y el desdén con que fueron recibidas hizo que los arrojara en un río. Los demás artistas triunfaban menos él aunque le sobraba talento. Bebía como un condenado y  se hartaba de hachís. La degradación continuó cuando  conoció a  Jeanne Hébuterne, quien se suicidaría luego. Modigliani murió a los 35 años, resulta una paradoja que las obras de este autor  experimentaron una gran revalorización, previo el pago de su propia vida. (O)