Tributo a las abuelas en Museo Gastronómico

Espacio privado en donde rescatan platos tradicionales con el uso de productos orgánicos

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Karen Cueva y Edwin Reinoso, chefs, cocinan en el fogón con ollas de barro y cucharas de palo. ACR

El trabajo diario del agricultor, pero no el moderno que usa máquina sino el campesino de antaño que con la fuerza y precisión de sus manos y una azada (pequeña pala de hierro con mango) removía la tierra seca para labrarla y abrir surcos a fin de cultivar y sembrar…se expone en el “Museo de la Gastronomía Cuencana Restaurante”.

Este sitio privado, en la calle Pueblo Los Quitus de Challuabamba, en Cuenca, explica la historia y evolución de la cocina ecuatoriana; pero desde su origen: la agricultura, en donde resalta la tarea del productor que con el tiempo fue optimizando el arado, ya con el apoyo de bueyes, animales con los que comparte largas jornadas de faena bajo el sol.

Esta y otras herramientas agrícolas primitivas son valoradas en el Museo, no solo a través de un video en donde el chef Jhon Valverde resalta el rol protagónico del agricultor y las épocas de cosecha, sino mediante dos fortalezas del Museo: La observación de implementos de agricultura y de menaje de cocina (936 piezas originales inventariadas y 2.000 de colección, expuestas en diferentes salas y de forma cronológica) y la disertación de Miguel Urgilés, de 34 años, propietario.

Urgilés Álvarez, cuencano, profesional del Turismo y excatedrático, y su esposa Karen Cueva, crearon este Museo no solo para potenciar el turismo, sino porque él es un apasionado de la riqueza histórica que gira en torno a un plato de comida, investigó durante años y no precisamente en internet, sino entrevistando a adultos mayores de las áreas urbana y rural.

La fuerza de su exposición, que envuelve al visitante durante cerca de cuatro horas de recorrido, es su vivencia personal, a veces con nostalgia y también risas, recrea la niñez que tuvo con sus abuelitos.

Sobre todo rememora a una tía, que la veía como a una abuelita más, y quien sentía a la cocina como un oasis de paz para crear y recibir a toda la familia, grandes y pequeños permanecían durante horas en este espacio alegre del hogar.

Nada moderno en comparación a la época actual tenía esa legendaria cocina, donde todo era útil a tal punto que Miguel hoy resalta “nada se inventa, todo evoluciona”.

De la cocina de la abuela aún se conserva la típica olla de hierro enlozado pintada a mano, una tetera con agarradera de hierro forjado, uno de los primeros termos traídos de Inglaterra, pailas de bronce y cobre; y, hechos a base de madera los cedazos elaborados con crin de caballo para cernir la harina, bateas grandes para amasar el pan, antiguas balanzas y más eliquias.

Llama la atención en otro de los salones la forma como almacenaban antiguamente los alimentos, Miguel les dice “las antiguas refrigeradoras” a las alacenas traídas de norteamérica y europea y también a los guardafríos ecuatorianos que requerían de sal en grano para conservar bien la comida. (ACR)-(I)

DATO

En un mesón exhiben históricos molinos y una desgranadora de mazorca. Y en el piso muestran la forma como antepasados secaban el grano, al aire libre.