Carlos Alberto González, pintor que todo lo pinta

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Carlos Alberto González
Carlos Alberto González muestra algunas de sus pinturas en su taller, en cuya parte superior luce óleo sobre el Barranco del Tomebamba.

En la parte superior de su taller Ce-Arte sobresale, íntegro, el barranco del río Tomebamba: desde la plaza de El Otorongo hasta el puente Roto.
¿Cómo? Sí; sí. Quien lo mira, imaginariamente recorre ese emblemático y turístico sector de Cuenca.
Divididos en cuatro tramos, el óleo sobre tela lo compone igual número de cuadros. Mide 5.20 metros. A su autor: Carlos Alberto González le tomó cuatro meses hacerlo en jornadas de entre 4 y 5 horas diarias.
La pasión por la pintura nació con Carlos. Lo supo cuando de niño veía a sus abuelos calcando “bellas figuras” para hacer los bordados, un oficio también bello de la época.
De pequeño, también frecuentaba el puente Roto. Aquí los artistas de antaño pintaban delante del público. Él, de regreso a casa, los remedaba pintando en los retazos de telas que había en el taller de los abuelos.
En la escuela de los Hermanos Cristianos ganó su primero premio de pintura infantil.
De un “circo gigante” que vino a Cuenca, a Carlos Alberto le llamó la atención los animales, unos más grandes que otros.
Este fue el eje de su inspiración y los plasmó en su dibujo con el que triunfó. La exposición fue en la planta baja del edificio municipal. Eso fue en 1967.

Tras el cierre la Escuela de Bellas Artes, que pasó a ser la Escuela Superior de Artes, adscrita a la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Cuenca que, a su vez, derivó en Facultad de Artes, mucha gente, por diversas circunstancias se vio limitada.
Es cuando durante la administración municipal del alcalde Jorge Piedra Ledesma (+), con el impulso de Eudoxia Estrella, se promueven cursos de pintura.
Entre los instructores constaban “doña Eudoxia” y Jorge Palacios, “un gran exponente, al igual que ella, de la pintura cuencana”.
Carlos Alberto fue uno de los tantos alumnos en esos cursos. Recibieron el título de pintores.
Esto fue el complemento para su formación, que también fue alimentada durante 12 años de trabajar con maestros españoles que formaban parte de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AESI). De ahí que su otro “fuerte” sea la pintura de restauración.

En su taller un cuadro luce conmovedor. Una señora de avanzada edad abraza a un niño. El artista se apresura a decir que se trata de la abuela cuidando al nieto.
.- “Así como hay el Día de la Madre, también debe haber el Día de la Abuela”, dice Carlos Alberto.
Con esa obra ganó el segundo premio de pintura convocado por el CIDAP en 1982. Participó la Escuela Taller; pero él lo hizo de manera individual.
.- “Ha sido mi mejor logro”, expresa señalándolo con el índice.
Hace año y medio, con el apoyo de la Municipalidad abrió la exposición “Añoranzas de Cuenca” en el Centro Cultural El Alfarero.
La muestra debía durar 15 días, pero que se quedó mes y medio.
.- Y, ¿por qué?
“Porque la muestra era solo sobre Cuenca”.
Efectivamente, en su taller como que está toda Cuenca, sobretodo la antigua, incluyendo la de los arrabales.
Emocionado muestra una pintura de la calle Lorenzo Piedra, incluso antes se que abran la avenida Loja.
Alguien tomó una fotografía en blanco y negro de “esos arrabales que yo visitaba cuando niño”. Él recordó los colores y le dio vida.
En otro cuadro está la calle Las Herrerías cuando era de tierra, el infaltable río Tomebamba…
De la Cuenca más actual cuelgan óleos de la Catedral La Inmaculada junto al Seminario San Luis, varias de la Cruces que hay en la ciudad, parte de la histórica casa, cuyos alares le dan un tono especial al edificio de la Alcaldía.
De la casa de sus abuelos, como otras tradicionales que tenían patio, traspatio y huerto, la pintura que la rememora tal cual fue, muestra a un hombre de raza negra, cuya mirada como que sigue a todo lado.
Mientras nos invita a hacerlo, Carlos Alberto expresa “que el arte debe ser visible, que se sienta, que se admire, que sensibilice… Incluso ni necesita de poner títulos”.

Carlos Alberto también ha hecho réplicas de famosos cuadros. Uno, es la “Caja de Fumador”. Según expresa, el original está en el Museo de París y data de 1699. Su autor: Jean Babtista Simeon.
Otra réplica es “Pelea de Gallos”. No hay el nombre del autor, pero por la vestimenta que lucen los asistentes sería cubano. Gallos y galleros son vistos en su máxima expresión; es decir, cuando estas aves aun sangrando pelean sin darse tregua y ellos los atizan.
Otra réplica es la de “El Corazón de los Andes”. Está en el Museo Metropolitano de Nueva York.
Otra, aunque está a medio terminar, es la de La Llapanga, cuyo original reposa en el Museo de los Reyes de España.

Carlos Alberto es padre de tres hijos. Uno de ellos, Esteban, cierto día entró al taller con batidores, pinceles y óleos. Él pensó que eran para regalarle.
No, no, no era con ese fin, sino porque también quería pintar. Y ahí está, pinta que pinta.
Con los dos la tertulia se intensifica. El padre muestra algunas obras del hijo: una es la de la Cuenca nocturna; otra, la de un paisaje de El Cajas, realizado tras varios viajes al lugar y de fotografiarlo tantas veces.
Él se apresura a explicar la técnica que utiliza, que incluye la tecnología.
Entonces sobreviene la explicación minuciosa de la calidad y número de los pinceles (los sacan uno por uno; y uno en especial: el “lengua de gato”), también del óleo, igual de las pinturas, de unos aceites especiales, de las espátulas, de los caballetes, de cómo comenzar a pintar “iniciando por el fondo”, de la paciencia, de la perseverancia, de cuanto ayuda la fotografía, de la cromatología de color, es decir, la degradación del color…
En la explicación no puede quedar atrás el trabajo, experiencia y conocimiento que cuesta mezclar las pinturas hasta conseguir el color deseado; o de toda la gama de 7.490 colores que están catalogados en el mundo.
Carlos Alberto, que también solía exponer en el centro cultural “Demetrio Aguilar Malta”, ubicado, en épocas pasadas, en la Casa Azul; que laboró durante 24 años y seis meses en el Instituto Artesanal de Capacitación del entonces CREA, pero que se jubiló en la Agencia Nacional de Tránsito, que ha participado en restauraciones de varios sitios patrimoniales de Cuenca, revela que el arte de pintar se basa en:
“Gusto, paciencia, dedicación y tiempo”. Y lo dice con vehemencia y fuerte tono de voz, la misma voz con la que recuerda muchas situaciones ligadas al patrimonio (dio clases de Patrimonio) de Cuenca.
Una de ellas: que la Virgen Morenica (del Rosario) y la Virgen que está en Nabón “son gemelas”.
.- ¿Y cómo así?
“De España mandaron dos imágenes. Cuando llegan a Cuenca se intercambian las cajas en las que fueron traídas. Así, la Morenica debía estar en Nabón y la que está en Nabón debía estar en Cuenca. Cuando abren la caja, dicen: porqué esta Virgen es medio morena, y por eso le llaman la Morenica del Rosario”.
Pero también se lamenta por otras cosas: de la falsificación de las obras de arte, que son vendidas como oleos originales; al igual que de la desaparición, durante el gobierno anterior, de los archivos históricos del ahora exCREA, simplemente “porque el pasado no debía existir”; o de que las obras de arte que son valorizadas cuando su autor fallece. (F).

DATO
En Ce-Arte, Carlos Alberto y su hijo Esteban dictan cursos de pintura y dibujo a la niñez. Son talleres personalizados. Los ubican en la calle Abraham Sarmiento 1-34 y Vega Muñoz (Teléfono 284-1694)

Texto: Jorge Durán Figueroa
jduran@elmercurio.com.ec
Fotos: Luis Cobos Ch.