La brújula del tiempo

Hernán Abad Rodas

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Uno de los ejes fundamentales del valor de la historia, es el hecho de poder analizar el pasado, para entender el presente, mirando el pasado podemos comprender, el porqué de nuestra actualidad y cómo hemos llegado a ser lo que somos. He ahí el valor de la historia.
La historia es la memoria de los años y la brújula del tiempo; un puente entre el pasado, el presente y el futuro, nos proporciona nuestra identidad, nos ayuda a encontrar respuesta cuando nos preguntamos: quiénes somos y cómo es que somos así.
En el mes de julio de 1979, un grupo de ciento once jóvenes, en la facultad de medicina de las Universidades Estatal y Católica de Cuenca, efectuamos el juramento Hipocrático; envueltos en una nube de sueños, la brújula del destino nos guió por diferentes horizontes.
CUARENTA AÑOS de vida profesional; y así como nuestros pacientes, seguimos amando mucho la dicha, la buscamos en nuestro despertar de cada día, hemos rastreado las huellas de sus pies en la arena; y al mirar a nuestros pacientes que han recuperado su salud, sentimos que hemos arrojado las semillas de nuestros corazones, sin alimentar esperanza alguna.
En una fecha como la actual, recibimos los títulos de médicos, hoy, nuevamente nos visitan los espíritus que pintaron nuestras almas, y nos cantan el himno de los recuerdos tristes y de los alegres. En este día se reflejan en nuestras mentes todos los significados de nuestras vidas, junto con el semblante de los años, llenos de contornos de esperanza.
Algunos compañeros regresaron al seno de la madre tierra, a devolver los elementos que les fueron prestados de ella, su ausencia nos entristece, pero nos consuela comprender que los afectos del corazón son como las ramas de un árbol; si se pierde una rama gruesa, sufrirá, pero no morirá por ello, insuflará toda su vitalidad en las ramas más cercanas, que crecerán para llenar el vacío.
En este mundo tumultuoso en el que vivimos, lleno de alboroto y bullicio, de luchas y de inquietudes, diariamente nos enfrentamos a la muerte, y cuando ha estado a punto de vencernos le cantamos estrofas, pública o secretamente, y ella se aleja, porque a pesar de ser dura amamos la vida.
Considero importante que los médicos tengamos fe. El único medio de superar el dilema que afronta la medicina moderna es apelar a un humanismo basado en la fe, y una clara comprensión de la vida y la naturaleza humana. (O)