Puentes

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Con frecuencia y sobrada razón se habla con orgullos de la belleza de los cuatro ríos de Cuenca, sus encantos y satisfacciones. Sin decir que se trate de problemas insuperables, hay algunos que traen consigo los ríos si se encuentran en el área urbana de una ciudad. Uno de ellos es su contaminación, ya que son receptores de basura y deshechos de una elevada población. Con la doble canalización y las lagunas de oxidación este problema en gran medida se ha solucionado gracias al notable esfuerzo municipal mantenido por una serie de alcaldías. Lo que importa es seguir adelante pues nuestra ciudad se expande en todas las direcciones y las nuevas urbanizaciones y barrios ubicadas en la cercanía de los ríos deben tomar las medidas pertinentes.
Un problema serio en nuestros días es el tránsito vehícular. En la mitad del siglo pasado, cuando la población de Cuenca -52000 habitantes- se concentraba en el centro histórico, el Tomebamba era el único río junto a la ciudad; cuando la creciente de 1950 destruyó tres puentes, se vivió el problema de tránsito. Los otros tres estaban a cierta distancia y no afectaban la circulación vehícular. Hoy cuentan con conglomerados urbanos y son parte interna de la urbe. La movilidad adecuada de vehículos requiere cada vez más puentes, lo que se agravará en el futuro cercano si consideramos su expansión y la intensificación del número de habitantes y automotores.
Los puentes han dejado de ser un adorno, son una necesidad día a día más apremiante y su construcción en nuevos sectores es cada vez más urgente, como lo demuestran los desmesurados problemas de tránsito en algunos sectores. La planificación urbana está condicionada por las características de los entornos físicos. Frente a los problemas que se planea solucionar, lo razonable es anticipar sus consecuencias. Indispensable es que se tomen medidas, como la construcción de puentes, cuando la situación se torna inmanejable, pero mejor que con anticipación estén las soluciones.