El padre del monumento a la Madre

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Paul Palacio junto a su obra, verla es reencontrarse con una hija, quizá la primera que moldearon sus manos. PSR

Es indescriptible la emoción de Paul (de grafía original sin tilde) Palacio cuando ve el monumento a La Madre, monumento que modificó el nombre del hasta entonces parque del Ejército. Es como si Paul se encontrara con una hija suya, aunque no muy seguido.
Al hablar de ella, del monumento, el escultor retrocede el tiempo y recuerda su juventud, solo 21 años tenía cuando empezó a esculpirla y 24 al momento de ubicarla en el sector. Es de ver cómo la mira, la rodea. “Es bien hechita” dice. Y sí, es innegable la emoción del hombre, nacido en Loja y ahora residente en la provincia de Santa Elena.
Una placa metálica, que es como la cédula de la escultura, dice: “Monumento construido con balas y armamento de conflictos bélicos, y, entregado a la ciudad en mayo de 1966”, 53 años atrás.

Monumentos, medallones, murales están entre las obras del artista. PSR

El arte es su vocación, ha estudiado, realizado cursos, pero la esencia de sus conocimientos la obtuvo en el taller de su padre, Daniel Elías Palacio, el hombre que da origen a una estirpe de escultores. Daniel hizo las puertas de la catedral de La Inmaculada, los monumentos a José Peralta, a Remigio Crespo, a Luis Cordero y otros más.
Una buena escuela la de Daniel. De ella quedaron sus hijos Wolfram Palacio y Paul, referentes de este arte de esculpir monumentos. Los Palacio son lojanos, una dinastía de artistas, pintores, escultores, músicos y literatos.
A Paul le hubiese gustado ser músico, pero la vida le dio otras tareas: pintar, le gusta el color, pero sobre todo esculpir, le gusta, le fascina el volumen, la proporción, la anatomía y por eso se convirtió en un escultor, hasta ahora, hasta siempre en un escultor.
Paul es corto de palabra, su expresión está en el arte, con la escultura se explaya, sus obras muestran la cualidad de un hombre meticuloso, para él la firma es “bien hecho, con buena composición”. La trayectoria del artista es larga, como artista escultor, como catedrático universitario en Cuenca y Guayaquil; Jorge Chalco, pintor, fue su alumno. (BSG)-(I)

 

Encuentro con el artista
y sus obras por el país

A sus 77 años, el hombre saca su celular, en el álbum digital lleva las imágenes de los monumentos, los murales, los medallones que están por Ambato, Santa Elena, Cuenca y otras ciudades. Sus monumentos son de personajes, de hechos históricos, de músicos.
Hay que ver a Vicente Rocafuerte, Antonio José de Sucre, Luis A. Martínez, “La Segunda Constituyente”, “Las fuerzas de la naturaleza armonizando el entorno marino” y la serie de bocetos de figuras como Manuelita Sáenz, Alberto Spencer.
Esos bocetos ya son monumentales, espera un día verlos en proporciones mayores. Las esculturas religiosas no son muchas, pero las que tiene son colosales, algunas etéreas.
Es de ver cómo capítulos históricos de este Ecuador se resumen e introducen en una obra de arte. Paúl capta la esencia de esos pasajes para contarlos desde la escultura y el alto relieve. Son obras que toman tiempo, no hay horario para el escultor, en la mañana, tarde y noche, sus manos están en la masa de arcilla, en la mesa, son obras que miden la paciencia. El bajo relieve y el retrato es lo más difícil.
El álbum digital que lleva en su celular tiene muchas imágenes. “Ay, Dios, tantas cosas que hecho que yo, ya…”, replica cuando la pantalla del aparato las cambia muy rápido.
Las manos de Paul dan forma, identidad, volumen, textura a la arcilla que se funde en bronce, la materia prima. El tiempo y la ciencia también permiten hoy en día contar con otros materiales para esculpir: resinas acrílicas aglutinadas con arcilla y reforzadas con fibra de vidrio, así, igual de nobles, igual de buenas para esculturas que durarán siglos, que necesitarán mantenimiento cada 50 años.(BSG)-(I)

APOYO
Son más de 35 años viviendo en la Península, allá en Santa Elena, frente al mar. Tantos años y tantas obras de arte.