Tres bofetadas

Juan F. Castanier Muñoz

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En esta semana la sociedad ecuatoriana ha sido víctima de tres agresiones, de tres vergüenzas, que nos llenan de desesperanza y frustración. La primera, nos ha sido infligida por un tribunal de la Corte Nacional de Justicia que ha cambiado la orden de prisión preventiva, en plena ejecución, por la de arresto domiciliario y grillete electrónico, al inefable Alexis Mera. ¿En dónde se hallarían estos jueces cuando Fernando Alvarado, otro miembro de la banda, se fue fugando con grillete y todo, y hasta dejando un video de despedida? ¿No se enterarían de que el cineasta Patiño, otro miembro de la banda, también se encuentra huido del país? Da para pensar, seriamente, que los tentáculos de la década bailada, aun recorren impunemente por los pasillos judiciales.
La segunda, casi casi tiene “feliz” cumplimiento en el CNE, cuando su titular intenta designar a una ciudadana para un alto cargo administrativo en el organismo, con el pequeño detalle de que la ciudadana ha sido la responsable de las cuentas de Alianza País durante la década bailada, y la designación se hubiera consumado en pleno boom del “arroz verde” y con las cuentas electorales más “alegres” de la historia. ¿Qué pensarán sobre estas “vivezas” aquellas empresas que financiaron las inmorales e ilegales campañas del partido oficialista?, ¿no sería recomendada por la actual prefecta del Pichincha?
Y la tercera, obra de Carlos XVII Tuarez en su comparecencia a la Asamblea Nacional, donde, para resumir los hechos, mando a los asambleístas a pedir información a la casa de “sus” abuelas. Llegó, como acostumbra, acompañado de una horda que da vivas y aplaude a cualquier expresión o gesto de su omnipotente líder y se fue del recinto dejando a los legisladores con la “bata alzada”. Que arrogancia, que desparpajo de este “anticristo criollo”, cuyo peligro solo se compara con el de un guagua jugando con un revolver. ¿Representa realmente Tuarez a los ecuatorianos que amamos este país, aquellos que nos esforzamos diariamente por ser parte de una comunidad respetuosa y respetable, aquellos que nos sentimos orgullosos de nuestro origen, cultura y valores? ¡Ni de lejos! (O)