Petroglifo, arte como testimonio histórico

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El investigador lojano muestra cómo se realizó su trabajo y el acercamiento con los públicos. LCC

Tres grandes áreas confluyen en una exposición: el arte, la arqueología y la historia. Todas desembocan en los proyectos de investigación científica y académica desarrollados por Diego González.
La muestra “Patrimonio rupestre y creación artística” está en Cuenca y se quedará por dos meses, en dos salas del Museo Pumapungo. Ha recorrido por El Oro, Santa Elena, Azuay y la provincia de Loja donde se originó la propuesta, en el marco del proyecto de vinculación con la sociedad: “Imaginarios patrimoniales. Articulación arte-sociedad”, en el Festival Artes Vivas de Loja.
La exposición tiene entre sus afanes “hacer visible el patrimonio rupestre de la región y en especial a sus actuales custodios”. Así mismo, suscitar una mirada atenta al pasado desde los retos del presente y futuro, en orden a la conservación de los sitios arqueológicos y su aprovechamiento sostenible.
Dos salas para ver y leer. La exposición tiene una museografía en la cual conjugan dos lenguajes, la sustentación teórica con láminas que resumen y orientan el proyecto y la fotografía que se manifiesta de dos formas: imágenes de los petroglifos que están en las zonas de Loja e imágenes que muestran cómo esos códigos milenarios impresos en las piedras pasan a cuerpos humanos y se vuelven trazos vivientes.
Este trabajo se cristaliza gracias a la colaboración de entidades como la Misión Etnológica de Italia. González es muy explicativo de su obra que parte del proceso de investigación histórica que inició en el año 2000 con la Universidad Técnica Particular de Loja, esos resultados los codifica en un lenguaje entendible a la sociedad y así orienta a la población en el cuidado y conservación de los petroglifos.

El contexto
Los estudios permiten entender que, de acuerdo al contexto general arqueológico de Loja, los petroglifos encontrados están en una franja de tiempo que va desde la ocupación de cazadores recolectores de hace 10.000 años, las ocupaciones de 5.000 años antes, hasta el presente.
Ahora bien, para llegar a estos resultados, el equipo de trabajo se centró en un grupo de vestigios rupestres que comprenden petroglifos que son rocas grabadas, rocas con tacitas, tacines o cúpulas y los megalitos ubicados en un sitio megalítico, aprovechado culturalmente del cantón Celica.
La hipótesis de su proyecto de estudios son varias. Entre ellas: todos estos trazos se hicieron por seres humanos, se quita la idea de extraterrestres. Luego, si bien no hablan, directamente, en códigos que se entienden, son marcas dejadas por humanos que se preocuparon de los astros, que debieron tener sentido.
Entonces, aunque no se entienda el significado, qué sentido tienen ahora. Forman parte de cosas que se desconocida.(BSG)-(I)

Cuerpos con imágenes
La concepción artística de González fue más allá de las imágenes milenarias sobre las piedras: 30 estudiantes de la Carrera de Artes Plásticas de la UTPL y tres maestros, recrearon el petroglifo en el cuerpo de estudiantes.
La piel se volvió oscura –mediante mucha destreza en el body paint- sobre ellas se plasmaron trazos blancos, que luego se captaron con la versatilidad en el manejo de la luz y el lente fotográfico de Claudia Cartuche.
La intención comunicativa de este performance fue mostrar el “petroglifo vivo”, muestra de un pasado de culturas que ya no son las presentes están presentes.
La apertura de la muestra se matizó con la presentación del libro “Delirium rupestris. Caosmosis y creación artística”, que se deriva de una tesis doctoral y recoge el espíritu con el cual se hicieron las investigaciones, se centra en ese contagio del arte.(I)