La jaula

Andrés F. Ugalde Vázquez @andresug

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Creo que todos los sabemos. Y las noticias que ahora vemos de forma cotidiana, no hacen más que confirmarlo. Un asalto a un local comercial. Un atraco a pleno día. Un cuerpo a la orilla de un río. Una mujer desaparecida sin dejar rastro. Una más. Uno más. Una nueva víctima engullida por el abismo poco antes de romper el alba. La confirmación de aquello que negamos mientras nos aferramos a la romántica idea de la comarca de los abuelos. La ciudad tranquila que se desdibuja en medio de esta imprecisa sensación de inseguridad. Que nos obliga a caminar mirando sobre el hombro. Desconfiados. Sombríos. Refugiados en edificios y ciudadelas protegidas por guardias, rejas y cercas electrificadas. Casas que, poco a poco, evocan la imagen de una jaula. Un calabozo comprado a plazos, desde el cual, los que tienen poco se protegen de los que no tienen nada. De los desesperados. De los exiliados del sistema que nos salen al paso en cada esquina.
Y las causas podrán ser muchas. ¿La inmigración de aquellos hermanos que llegan huyendo de la tiranía? ¿La absurda decisión de mantener una cárcel de máxima seguridad en las entrañas del casco urbano? ¿El tamaño de la ciudad? Pues es difícil saberlo. Y mal haríamos sacando conclusiones sin la información precisa. Sin embargo, la verdad es evidente. Cuenca transpira inseguridad y muchos han empezado a buscar culpables. A inocular el veneno de la xenofobia. La criminalización de la indigencia que condena al delincuente antes de violar la ley. De allí, poca distancia queda a la decisión de actuar por cuenta propia. Y entonces, los asustados pueden ser más peligrosos que aquellos que los asustan.
Y me pregunto. ¿No seremos nosotros también los culpables? ¿No será acaso que hemos dejado de cuidarnos entre nosotros? Y sí. Acaso la inseguridad, es también consecuencia de la gran ciudad que ignora a propósito la necesidad imperiosa de contar con una política migratoria y humanitaria. Que ha olvidado el deber elemental de la solidaridad con ese vecino que ya no conocemos. Que ha olvidado su identidad de barrio y comunidad organizada. Y ese será, siempre, el primer paso… (O)