Cinco afrentan la Constitución

Edgar Pesántez Torres

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El miércoles 12 de junio el Ecuador fue sorprendido por una resolución de interpretación a la Constitución que dice relación al matrimonio igualitario. Cuatro de nueve vocales votaron a favor de una reforma constitucional –luego se sumó otro para aprobar– que instituye el matrimonio igualitario, haciendo caso omiso a la Constitución de Montecristi y todas las anteriores. La primera claramente en el Art. 67, inciso 2: “El matrimonio es la unión entre hombre y mujer”; de tal suerte que estaba prohibido a los constitucionalistas aclarar que el sol emana luz, a no ser de someterse a la suerte de Carlos Ochoa.

La cuestionada exegesis fue de Daniela Salazar, Alí Lozada, Karla Andrade, Agustín Grijalva y Ramiro Ávila. Antes dos de ellos fueron patrocinadores de matrimonios homosexuales, ahora hacen ganar a sus clientes. Ramiro Ávila es ardiente defensor del matrimonio igualitario; ya en abril pasado, cuando los jueces de la Corte Constitucional negaron los pedidos de recusación que su contra por grupos de la Red Vida y Familia, el perspicaz profesional cuencano, Braulio Álvarez, regañó la presencia de Ávila argumentando que: “Su sola presencia conlleva a que la integridad, verticalidad de esta Corte, se menoscabe”.

Los ponderados jueces Hernán Salgado, Teresa Nuques, Enrique Herrería y Carmen Corral se opusieron, argumentando que para ello sería necesario reformar Constitución. Sin ser hermeneuta, tan solo un ciudadano que vive en esta cultura, bajo normas y principios ancestrales, y respetuoso de los derechos de todos, particularmente de las minorías, creo que el asunto debe ventilarse en la Asamblea Nacional y finalmente, poner a consideración de todos a través de una Consulta Popular.

El camino queda libre para que en breve este “matrimonio” tenga los mismos derechos que los demás, entre ellos la adopción, la patria potestad, la tenencia de hijos, la pensión vitalicia, etc., como ya reclama Marcela Aguiñaga, sin recordar que en agosto de 2014 su jefe, a quien tanto añora, lo hizo callar a ella y a otras atolondradas, porque consideraba que el matrimonio es entre un varón y una mujer y que si bien respetaba las preferencias sexuales de ellas y ellos, jamás aceptaría esta “tontería”.

Hay quienes exhortan a que se siga a las legislaciones de otros países del mundo en donde se permite este matrimonio contranatura, pero asimismo hay países como Malasia en donde la homosexualidad conlleva una condena de 10 años de prisión y pueden sufrir 20 años de cárcel quienes se penetran entre hombres. (O)